Lunes, 26 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

Cuando se representa al cuerpo humano dentro de un planteamiento figurativo éste tiene sus leyes de proporciones, ritmo y un conocimiento del modelado que nos acerca a la realidad (el parecido): son factores que originan la belleza.

Cuando se emplea el concepto de modernidad (arte abstracto), éste está sujeto a otros  planteamientos estéticos que no son los de este caso.

La escultura de Consuelo Araujo carece del ideal de belleza porque el escultor, para hacer una escultura de cuerpo entero, tiene que conocer al personaje, y, si, no lo conoció, documentarse hasta verlo vivo en su alma.

No se puede hacer un retrato al que no se  vio, es como fotografiar al invisible. En esta escultura se tiene esta sensación: el escultor no se documentó acerca del personaje en cuestión, tampoco conoció al personaje en vida, y si lo conoció, no lo vio. Es decir: si lo vio no lo interpretó. Es decir: no es un buen escultor. Es decir no es artista.

Un ejemplo: Consuelo Araujo miraba de frente, con un paso difícil de detener. En la escultura  la cabeza  mira para el costado contrario a donde está el Parque de la Leyenda, su obra principal. Tampoco, el rostro se parece  a Consuelo y la pollera de pilonera es una red de arañas que asustan.

La figura es desproporcionada, la cabeza es más grande que la cintura. De perfil es casi plana, tiene poco volumen. Los entendidos dicen que las piloneras no levantan las manos, y, en este caso, la mano derecha le tapa el rostro. La parte superior de la cintura para arriba es desproporcionada con respecto a la parte inferior. El color oscuro de la patina le mata el brillo del bronce, que más parece acrílico patinado que bronce, dándole una tenebrosa apariencia.

Esta escultura grande es un monumento a la desproporción, la fealdad y falta de espíritu, no se parece en nada al personaje representado. Escuché voces del pueblo llamarla: el muñecón, la gigantona, otros opinan que se parece más a una artesanía grandota. En fin, le he preguntado al pueblo en los distintos estamentos su parecer sobre esta obra  y a la mayoría no le gusta. Haga usted, señor lector, el ejercicio de preguntar, al taxista o a los niños por ejemplo: “¿Qué le parece el monumento a Consuelo Araujo que está en la glorieta de La Pilonera? Es un buen ejercicio preguntar, así se conoce la opinión de la ciudadanía.

Da mucha pena ver que un ser que trabajó tanto por la cultura del Valle no esté representado como se merece y su memoria sea nombrada con apelativos burlones lo que indica que la escultura no  gusta.

Entonces, lo que se viene es preocupante. Es fácil imaginar que otro tanto de lo que le paso a Consuelo Araujo le va a pasar a Rafael Escalona. El monumento a Rafael Escalona tiene que ser convocado  por concurso nacional, no a dedo. El país tiene excelentes escultores. Si le otorgan el monumento a Amilkar Ariza con el antecedente que ya tiene, Valledupar será el ejemplo del mal gusto, el desatino de las autoridades y un espejo que nos empañara  para siempre.

¡Ya nos metió un gol y se viene por el segundo, pilas vallenatos!

 

Francisco Ruiz

 

Los espejos de América
Francisco Ruiz

Vallenato que hace 69 años se fue a nacer a Salta, Argentina. Por medio de esta columna refleja dibujos escritos en palabras pensadas, realidades e irrealidades que habitan en el valle y dentro de sí mismo. Mundos que se alojan en la metáfora “Los espejos de América”, donde pinta y escribe lo que siente. Contacto: franciscoruizsalta@gmail.com

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