Miércoles, 29 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

Pasadas las primeras animosidades y las reacciones políticas a favor o en contra, la primera escuela dedicada a la formación de gestores de Paz en Colombia ha tocado de lleno los temas a los que Colombia tendrá que encarar tarde o temprano: el perdón y la reconciliación.

En un municipio como Valledupar, donde el 33% de la población ha sido víctima directa del conflicto armado, la necesidad de abordar esa cuestión es esencial para la vida en armonía, libre de resentimientos y de odios.

Por eso destacamos la pertinencia de los comentarios aportados por la organizadora del evento, la politóloga Natalia Springer, quien habló del enorme dolor que existe en el Cesar –muy a menudo reprimido o negado- y la necesidad de incentivar el diálogo sobre la reconciliación desde las regiones, lugares que han padecido la gran parte de las atrocidades de las últimas décadas.

Y si de diálogo y reflexión hemos de hablar, el capítulo dedicado al perdón en estas primeras semanas fue de gran impacto, tanto en lo emotivo como en lo racional.

La Escuela presentó en una primera etapa perfiles de diferentes credos religiosos, personas de gran trayectoria en Colombia, y cada una de ellas hizo una intervención sobre lo que conlleva el perdón en un contexto de conflicto.  

El Padre Vicente Durán Casas, profesor de filosofía y Ex–vicerrector de la Pontificia Universidad Javeriana, recordó la importancia de saber qué es lo que se perdona, quién se perdona y cuánto se debe perdonar, antes de explorar el concepto de perdón desde la perspectiva de la filósofa Hannah Arendt, y sostener que el perdón no es lo mismo que el olvido: exige la memoria.  

El Pastor Marvín Pacheco insistió en el perdón que libera y favorece el desarrollo: “El que perdona es el que gana. El que perdona es el que sana”, expresó ante una audiencia conmovido por su llamada al amor fraterno y universal.

Monseñor Oscar José Velez Isaza hizo énfasis en el perdón colectivo: “Todos debemos ser artesanos de paz, constructores de paz”. Y finalmente, el Pastor Edgar Castaño subrayó el papel fundamental de la palabra en el perdón. “El perdón necesita ser verbalizado. La palabra tiene poder para crear nueva forma de vida”.

Estas intervenciones dieron una idea de lo importante que es invocar a la espiritualidad (y no necesariamente a la religiosidad) para perdonar de manera irrevocable con todas las consecuencias que esto tiene a nivel personal y colectivo.

Por otro lado, en una segunda parte, intervinieron unos expertos en el tema de la reconciliación y reparación de las víctimas (un asunto ligado directamente al perdón). La experta norteamericana Noemi Roth abrió los horizontes haciendo referencia a procesos de paz anteriores sucedidos en Guatemala, Sudáfrica, Uganda, Ruanda o Argentina, y manifestó la necesidad de reconstruir el tejido social desde la base bajo un marco de justicia transicional que ponga a todos los ciudadanos al mismo nivel. “Se debe buscar una reconciliación real, y no basada en el miedo y el silencio”.

Esta suma de ponencias ofreció una perspectiva completa sobre el gran reto de la reconciliación. Es cierto que todavía Colombia está muy lejos de llegar a una Paz completa -porque es un proceso exigente en tiempo y recursos-, pero el ejercicio de la Escuela Vallenata de Paz demostró que ese sueño es posible y que hay que trabajar en lograrlo.

 

PanoramaCultural.com.co   

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