Domingo, 26 de feb de 2017
Valledupar, Colombia.

El vallenato es un ritmo musical que socialmente ha sido asignado a roles masculinos, lo cual, ha exigido a las mujeres que lo interpretan el mayor de los esfuerzos. Por esta razón, históricamente los festivales vallenatos reportan un mayor número de participantes hombres que mujeres.

El vallenato no es macho ni hembra; es una herramienta para el tejido social, para mitigar diferencias, generar hermandades y conectar el pasado con el presente, mediante historias que surgen de vivencias de los y las poetas.

De esta manera, el vallenato no es una pelea de gallera donde gana el gallo más dominante; sino que es el arte reparador ante el dolor, la inspiración ante la tristeza y la paz ante la guerra; y la mujer es una gran embajadora de esta misión, con su femineidad, inteligencia y carácter.

Interesante preguntarnos: ¿Por qué ninguna mujer se ha coronado como reina vallenata? ¿Por qué ninguna ha ganado en el festival Francisco el Hombre? Podrán algunos responder que por cobardes o porque no hay mujeres que se presenten; lo cierto es que ni son cobardes, ni tampoco es que no haya intérpretes femeninas. Lo que falta es que continúen dándose varias aperturas, como las mentales, culturales y sociales; es decir, que los arraigos patriarcales dejen de sentirse amenazados por la inclusión de las mujeres en el vallenato y especialmente en los festivales.

Considero que la intención de las mujeres en el vallenato no es que le regalen los espacios, sino en que los paradigmas patriarcales no sirvan de obstáculos, para que el Son, el Paseo, la Puya y el Merengue se puedan escuchar en las voces de ellas.

Las mujeres en el Vallenato

Las mujeres tienen mucho por aportar y no dudo que la mayor presencia de ellas sería una sumatoria representativa en los elementos que se requieren para salvaguardar la música vallenata tradicional que, lamentablemente, ha sido desplazada por la tendencia comercial.

Podría mencionar a muchas mujeres pero realizaré la mención de algunas, entre ellas a la maestra Rita Fernández es mentora de procesos de inclusión de la mujer en el vallenato, con la altura y exquisitez propia de una poeta innata, que se atrevió a dejar su huella incluso en momentos donde la apertura para las mujeres no era un tema tan visibilizado como en la actualidad; es la creadora de la primera agrupación vallenata llamada “las universitarias” y autora de muchas canciones que el mundo recuerda en la voz de intérpretes masculinos. También es de mencionar a Fabriciana Meriño Manjarrez primera mujer en presentar al festival de la leyenda vallenata y Jenny Cabello segunda valiente mujer en presentarse con su acordeón al mismo festival. Así mismo, otras mujeres en el vallenato como las Evas musicales: María Silena Ovalle, Maria José Ospino, Lucy Vidal y Eliana Gnecco.

Evas musicales: rumbo a Francisco el hombre

Las Evas, son mujeres que interpretan el vallenato, las cuales, hacen parte de la causa social de la Asociación Evas&Adanes, por medio de actividades culturales como el Foro concierto: La mujer en el Vallenato. Esto ha permitido visitar diferentes ciudades y entidades académicas llevando un mensaje pedagógico y transformador, que consolida la música como una herramienta de tejido social, igualdad y equidad, y en la actualidad están (oficialmente) clasificadas para participar en el Festival Francisco El Hombre y es posible que el mundo pueda recibir la noticia de tener a las primeras “Franciscas las Mujeres”, pues tienen el talento necesario para tal reto y la visión ganadora de dejar huella en la historia de los festivales vallenatos que están llamados a abrir las puertas al género femenino.

Lo soñado y esperado: más mujeres en los festivales

Es importante reflexionar respecto a los roles femeninos en el vallenato, no con ellas a distancia sino incluidas. Por esta razón, sería especial ver a las talentosas mujeres en las tarimas de los más importantes festivales. De otro lado, es pertinente reconocer la apertura que algunos festivales han otorgado para las mujeres pero aún queda por lograr una inclusión equitativa e igualitaria, que motive incluso a aquellas que por incredulidad no se presentan por experiencias que han generado desconfianza ante las (pocas) garantías que brindan dichos festivales.

Es hora de reorientar la música vallenata a su gran misión, a los amores que ha unido, a las reconciliaciones que ha generado, las amistades que estrecha y las integraciones sociales que ameniza, como muestra de que es un lenguaje del amor que teje sentimientos de manera ilimitada. La mujer tiene mucho por aportar en esta apuesta, para ello son necesarios hombres dispuestos ser aliados de ese hermoso proceso.

 

Fabrina Acosta Contreras 

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