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Jose Luis Molina y “La muerte del ángel”
Definir el arte de José Luis Molina ––también conocido como “El Turri”–– no resulta ser una tarea fácil. Y él mismo lo reconoció en la exposición de sus últimas obras en la sede de la fundación AVIVA. Su arte es como el ser humano: complejo e imprevisible, cambiante y temperamental. Es el resultado de una búsqueda estética que le ha llevado a viajar y estudiar de la manera más entregada.
“Cuando empecé lo que pintaba tenía mucho que ver con el expresionismo figurativo”, explica José Luis Molina. “Pero luego, muchos me dijeron que incorporaba elementos surrealistas. Cosa que no veía personalmente”. Eso se debe en gran medida a la libertad del pintor y a su manera de concebir sus obras que, poco a poco, van adoptando elementos abstractos o figurativos.
En la mirada de El Turri brilla el deseo de reconciliarse con la pintura. La necesidad de entregarse a lo que más quiere. Sin límites. Así pues, esta exposición tiene un significado especial para él. “Llevaba dos años sin pintar en firme. Estaba trabajando en la Universidad, en aquel entonces podía pintar un domingo y luego volvía a hacerlo unos días más tarde. Por eso, este año decidí volver a dedicarme exclusivamente a la pintura. Renuncié a mi trabajo y dos meses después ya estaba arrepentido (risas). Pero lo que he hecho en este tiempo, no se puede comparar con los dos años anteriores”.
La muerte del ángel. Ése es el lema de su última exposición. Un título que coincide con el del famoso tango del autor argentino Astor Piazzola. “Es el único músico que a mí me ha generado ideas pictóricas ––explica Jose Luis Molina––. La primera vez que lo escuché pensé que sería fabuloso traducirlo en pintura”. Algunas de las obras más importantes de la exposición consisten pues en una interpretación pictórica del tango argentino, con las impresiones más íntimas del autor.
Sin embargo, el título también mantiene una relación cercana con otros elementos importantes para el autor: la lírica, el ensueño, la evocación de sentimientos profundos y la reciente muerte de su padre. “Me gustó la imagen que evoca el título ––explica el artista––. Primero porque nadie ha visto un ángel”.
En la sala de exposición de la fundación AVIVA, el festival de colores y de formas es abrumador. Las capas se alternan unas sobres otras y cada una tiene su significado, su disposición sobre la tela. Jose Luis Molina se define como un pintor minucioso que reflexiona largamente sobre lo que quiere pintar, para luego distribuir los elementos y darles fuerza.
Decidimos centrarnos en la figura del artista y, cuando le preguntamos cómo llegó a interesarse por la pintura, nos revela que de pequeño quería ser músico y seguir los pasos de su padre. Sin embargo, la vida le llevó por otros caminos. Primero se interesó por la poesía y frecuentó un reconocido café literario de San Diego. Luego, en la universidad popular de Valledupar, al mismo tiempo que estudiaba psicología, se acercó a por la pintura y se apuntó en una formación de artes plásticas donde consolidó sus conocimientos.
Oswaldo Guayasamín, Obregón, Rembrandt, Van Gogh, son algunos de los pintores que le cautivaron desde muy temprano. Aún así, él se esfuerza en buscar una vía propia, en crear su propio arte. Su primera exposición fue en una pizzería con un patio espectacular ––un recuerdo ameno que relata sonriente–– y, de ahí, las ganas de ver difundidas sus obras le llevaron a participar en distintos concursos.
Hoy en día, El Turri es uno de los pintores más reconocidos de Valledupar. Son destacables las menciones recibidas de organismos como el Banco de la República o los premios otorgados a sus obras (Casa de la Cultura en el 2006 o la Cámara de Comercio de Barranquilla en el año 2000). Su próximo proyecto será una representación ambiciosa de los sitios más simbólicos de la ciudad de Valledupar: un proyecto que promete.
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