Miércoles, 18 de ene de 2017
Valledupar, Colombia.

Foto: El DesvanComer las uvas mientras suenan los doce campanadas, vestir ropa interior de color amarillo, salir a la calle con una maleta, o colocar las joyas de oro dentro de una copa de champan para que traiga abundancia económica, son algunas de las rarezas populares que cultivamos en Colombia a la hora de celebrar el año nuevo. Sin embargo, no somos el único país en practicar este tipo de extrañezas. En realidad, muchos países hacen lo mismo y a veces nos superan.

No muy lejos, los peruanos también aprecian las ropas íntimas de color amarillo y las mujeres se lo ponen para traer suerte mientras que en España o Venezuela la gente prefiere la ropa interior de color rojo.

En Brasil, el color blanco es el que predomina. Allá hombres y mujeres se visten de ese color para, luego, de medianoche, lanzarse al mar y comerse siete uvas. La celebración de fin de año reviste un carácter tan popular que las playas de Rio de Janeiro se llenan de gente y de flores.

En México, la gente también sale a la calle para dar una vuelta completa a su casa con la esperanza de que viajen más a menudo el año entrante. En Paris (Francia), la gente se encuentra en la calle (en la avenida de Champs Elysées) para tomar champán y celebrar con amigos. Una de las pruebas más difíciles es aguantar el frío que hace en esas fechas.

Los italianos despiden el año con una cena en la que las lentejas representan el plato fuerte ya que se recomiendan especialmente para tener suerte el año siguiente. En Roma y Nápoles también se acostumbra lanzar por la ventana trastos viejos para terminar con el pasado y comenzar una nueva etapa.

En Alemania, es costumbre dejar en el plato, hasta después de medianoche, algunos restos de la cena para asegurarse una reserva de comida bien surtida. También se recibe el año nuevo –y eso no es una novedad– con fuegos artificiales que ahuyentan los malos espíritus.

Pero las tradiciones más extrañas se encuentran, sin lugar a dudas, en el norte de Europa. En Noruega, por ejemplo, los habitantes se acostumbran a esconder todas las escobas en los últimos días del año porque antiguamente se creía que las brujas y otros espíritus malignos salían en medio de la noche para volar alrededor de sus casas.

En Dinamarca, se recibe el año rompiendo vajilla. Los daneses demuestran el aprecio por sus seres queridos lanzando ante sus casas los platos viejos que han ido acumulando durante el año. El número de buenos amigos que uno tenga será proporcional a la cantidad de platos rotos que encuentre en su puerta.

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