Literatura

Yolima

Simón Dähil

11/01/2022 - 06:45

 

Yolima

 

La ciudad siempre está tranquila, aunque ocurran muchas cosas. Me gusta vivir aquí. Hace mucho tiempo que todas las personas cambiaron su concepción moral; ha desaparecido esa peste que tanto daño le causó a la humanidad. Han desaparecido los estigmas, los paradigmas sociales, todo se ha marchado para siempre y no hace falta. El mundo es un lugar mejor: las personas hacen lo que quieren sin hacerle daño a nadie, no hay enajenación, cada uno está inmerso en sus asuntos, nada ni nadie importa, sólo lo verdaderamente importante, o sea, muy poco.

La felicidad es omnipresente, evidente, las personas son más longevas, ha empezado la nueva era que todos estábamos esperando; el hombre y la mujer empezaron a creer en el hombre y la mujer y nada más importa excepto vivir como se debe: bien. Las máscaras con las que ocultábamos nuestro verdadero rostro han sido destruidas por la fuerza interior de nuestras almas en su intento desesperado por salir, de esa jaula, donde la moral hacía de incesante vigilante. Ha caído el injusto vigilante. La libertad del alma llena de júbilo al cuerpo. La hipocresía quedó rezagada en la carrera natural del progreso humano-espiritual.

Las personas que viven en Las Dementias tienen muchas historias que contar, es una ciudad mágica e inefable que puede cautivarte en poco tiempo. Ahí va Yolima, trasnochada, llena de ojeras, cansada, lleva su vagina un tanto aceitosa producto de los innumerables condones que introdujo en ella la noche anterior. Está feliz. Todos en la ciudad son felices incluso los que pagan para obtener sexo y diversión. Yolima trabaja como puta hace más de una década y nunca ha tenido problemas. Nunca los tendrá. Es consciente de que su piel está deteriorándose y sus arrugas ya casi asustan a los clientes, pero así es feliz: culeando y trabajando. ¡No hay mejor trabajo!

Sus dos pequeñas hijas la aman, se lo recuerdan a diario cada mañana cuando, trasnochada y acabada, las lleva a la escuela. Qué hermosa familia. Después de llevar sus hijas a la escuela, se dirige a un hogar de paso; sus visitas diarias a ese lugar son sagradas. Es fiel y ayuda de forma voluntaria con los niños y en obras sociales que organizan en el hogar. Las mañanas de Yolima son completamente distintas a sus noches: caras distintas, ambientes distintos, placeres distintos. A medio día recoge a sus pequeñas. Lo hace siempre a la misma hora, cada recogida está sincronizada con la anterior, los tiempos son exactos: el amor de madre… Su tarde es sencilla, hace las tareas con sus retoños, ve un poco de televisión, prepara el atuendo que usará toda la noche y parte de la madrugada, espera a su niñera, se despide de sus niñas dándoles un beso largo en la frente dejándoles la marca de sus labios y se marcha a trabajar su cuerpo.

Empieza la noche y su día de trabajo. A pesar de su edad aún es apetecida por muchos hombres, es la prostituta favorita de muchos; la buscan por su experiencia y agilidad. Los clientes de Yolima por lo general son hombres casados y adinerados que recurren a ella cada una o dos noches con el consentimiento de sus esposas.

A las ocho en punto de la noche llega casi siempre, por la misma parte, el primer cliente: Kevin. Un exitoso médico cirujano que vive en las afueras de la ciudad. Su esposa, Esther, lo ha dejado en la puerta del prostíbulo y se ha marchado a encontrarse con otros hombres, probablemente tendrán una gran orgía sexual. Como es costumbre, Kevin toma varias cervezas con Yolima y hablan de sus vidas cotidianas para luego encerrarse en una pequeña habitación de 2x2 metros y pasar el mejor momento de sus vidas. Kevin satisfecho, feliz, radiante, termina con la vieja puta. Quiere irse a casa, pero está solo, su mujer debe estar divirtiéndose aún en otro lado: una cosa por otra. La vida es simple.

Está algo borracho y quiere seguir tomando más. A pesar de que Kevin es precoz, Yolima siempre disfruta trabajar con él; es arriesgado y bizarro, tiene fetiches tan extraños que a la experimentada prostituta le resultan interesantes y placenteros. “Qué lástima que dure tan poco”, dice siempre Yolima cuando termina con el médico. Toman varias cervezas más y se despiden, la vida continúa como es normal. Muy seguramente regrese al siguiente día. El sexo debe ser una actividad de realización permanente, Kevin lo sabe. Todos en la ciudad practican lo que predican.

Un tanto mareado el médico llama a su esposa; está cansado y no puede regresar a casa por su cuenta, su mujer debe venir a recogerlo…

Los viernes son los días favoritos de Tony, un viejo cliente de Yolima que espera hasta ese día para encontrarse con ella. Se conocieron en un sitio que de antaño se llamó “Macumba”, era un sitio agradable, lleno de hermosas mujeres voluptuosas y semidesnudas, atentas, cariñosas y con una sonrisa perenne. Sitios como esos ya no se ven, todo cambia. Trabaja arduamente de lunes a jueves, consigue el dinero suficiente para el viernes y no escatima en gastos.

Tony lleva viéndose con Yolima alrededor de nueve años y cada viernes es diferente. Después de inhalar unas cuantas líneas de cocaína y encender varios cigarrillos se disponen a consumar sus mejores deseos sexuales. Tony es un obrero raso que sólo descansa los viernes y también un adicto a Yolima y a la cocaína. Inhala el polvo blanco todos los días con sus amigos y sus superiores en el trabajo, les mejora el rendimiento laboral. “Las grandes empresas necesitan grandes trabajadores”, le dice el jefe cuando Tony va a trabajar sin haber inhalado cocaína, luego inhalan y se empalman con el trabajo. Sin coca el rendimiento de la empresa caería. En fin.

Yolima ha disfrutado los nueve años que ha compartido follando con el cocainómano. Con Tony las sesiones duran más que con Kevin; el efecto de la cocaína prolonga el momento hasta volverlo casi interminable y los dos son felices hasta que finalmente termina el frenesí de placer.

Es un viernes productivo para Yolima como todas las noches. El cielo, la noche y los billetes apenas caen. Oscurece y siguen llegando los clientes, de todos los tipos: diseñadores gráficos, filósofos, vendedores de mango, abogados, albañiles, escritores…

 

Andrés Cuadro

Cuento publicado originalmente en 2014

Sobre el autor

Simón Dähil

Simón Dähil

El charlatán

Simón Dähil es el seudónimo de Andrés Cuadro (Agustín Codazzi, 1993) Novel escritor caribeño, estudiante de derecho de la Universidad Popular del Cesar; autor de los libros inéditos: La avenida de los vencidos (Relatos); Ensayos de prosa rebuscada (Poesía). De igual forma ha publicado la serie "Vallenato bravo", junto a artículos y ensayos de opinión juvenil. Es miembro fundador del Colectivo Literario El Manjol, donde publicó artesanalmente las plaquettes de poesía "Chinchurrias para el alma"; actualmente trabaja en su libro de narrativa "Pesadillas de un niño cuando se despierta".

@butifarraloca

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