Artes plásticas
Elsa Palmera Pineda: el Mar que se lleva en las manos

Hay vidas que se tejen con el rumor de las olas de fondo. Vidas que, tras habitar por años el abrazo salitre de Santa Marta, regresan al Valle trayendo consigo el azul prendido de las pestañas. Así habita entre nosotros Elsa Palmera Pineda, una mujer que ha sabido convertir el hilo en un elemento líquido y la fibra en un refugio para el alma.
En el ArtVA 2025, tuve el sagrado honor de ser la curadora de su obra en la Sala de Casa de Encuentros, dentro de ese manifiesto femenino que llamamos V EmPoderArte – Mundos próximos en femenino de la Red Colsafa. Bajo la premisa de que "obras son amores", Elsa desplegó una cartografía textil que nos dejó a todos con la sensación de estar frente a un océano privado, uno que ella custodia con la elegancia de quien conoce los silencios del agua.
Su obra en esta edición fue un tributo sutil a ese tiempo habitado frente al Caribe, a esos años de hogar y camino compartido en la ciudad de los atardeceres naranjas junto a su esposo, el recordado Rodolfo Araujo Noguera. Aunque Elsa no pronuncia el nombre del dolor, sus manos lo traducen. Hay una nostalgia contenida, una presencia que no se nombra pero que se siente en cada nudo, en cada trama que parece buscar un puerto seguro.
Las cinco piezas que se hicieron presente en EmPoderArte V: “El mar", "Enredados", "Nadando", "Coral" y "Coralinos" fueron una oleada de belleza orgánica. Ver "Enredados" era comprender la complejidad de los vínculos que nos sostienen; contemplar "Coralinos" era asistir al nacimiento de la vida bajo la presión del abismo. Como curadora, me conmovió la mística con la que Elsa interviene la fibra: no la fuerza, la acompaña. Sus hilos no solo dibujan formas, narran una resiliencia silenciosa, una manera de estar en el mundo donde el tejido actúa como un bálsamo reparador.
En un Valledupar que, a veces, se siente lejos del litoral, Elsa Palmera nos trajo el mar en una maleta de sueños hilados. Su obra es la prueba de que el arte femenino es capaz de reconstruir paisajes perdidos y de mantener vivas las esencias de quienes nos han acompañado en el viaje, incluso cuando el horizonte parece haber cambiado.
Gracias, Elsa, por la delicadeza de tu trazo y por enseñarnos que, en el tejido de la vida, siempre hay un hilo de esperanza que nos permite seguir nadando, a pesar de las mareas. Tu mar es ahora nuestro, y en él, todos encontramos un lugar donde descansar el espíritu.
Yarime Lobo Baute






