Artes plásticas
El Callejón de papel

Así como de repente, en una mañana serena, viene la lluvia con gotas que caen de una manera suave. Como el rocío sin hacer ruido, van cayendo las gotas desglosadas por el techo y sucumben por gravedad suavemente, se deslizan como serpientes en los orificios de desagües y, más adelante, esa misma lluvia aumenta y, al caer, se escuchan diferentes sonidos.
Al chocar con los cachivaches que tengo en el callejón de papel, que, en sus paredes, llevan periódicos pegados y en sus planas escritas hablan de corrupciones, de políticos y sus amigos contratistas que desfalcan a un país, de los muertos dados de baja de falsos positivos, de un líder campesino que fue asesinado por desconocidos, el niño que ha sido violado por su propia sangre que decía cuidarlo; lluvia que, con tu fuerza, deshace el papel que fue leído y olvidado.
¡Me despiertas, lluvia! Porque, con tus sonidos de gotas, siento y me despierto en mi aposento, tan cerca está ese callejón que he bautizado “callejón de papel” y los muertos que se desvanecen también y con ellos sus recuerdos, su impunidad en el olvido... Lluvia que llega silenciosa como cuando una madre te despierta con un beso...
Y, en ese instante, pienso por el sonido de las gotas, imaginándome una paleta de colores, por aquel impacto del sonar de la lluvia que al chocar contra el cemento del callejón, ése que tiene periódicos desgastados por la lluvia y, cuando las gotas de agua dejan de caer, su sonido se hace tenue y hace que las gotas suenen como hormigas culonas que transitan en enjambre y, armadas con sus dientes que hacen ruido al luchar y mi paleta imaginaria de colores azules transparentes, se desaparecen como el sonido de la gota de agua que deja de llover...
Baldot






