Portada de NémesisEntre todos los términos que permiten ilustrar los valores de una sociedad, el de heroísmo me llama especialmente la atención por ser quizás uno de los más subjetivos o manipulables.

Definir lo que es un héroe o un acto heroico requiere, primero, enumerar una serie de cualidades o ideales –generalmente compartidos en una misma cultura–, conductas valorizadas por su grado de sacrificio o compromiso,  pero también,  entender profundamente el contexto histórico y social en el que nos ubicamos y así apreciar de dónde proceden estos códigos o mensajes.

El heroísmo se define comúnmente como el “esfuerzo eminente de la voluntad hecho con abnegación que lleva al hombre a realizar actos extraordinarios en servicio de Dios, del prójimo o de la patria”.

A diferencia de los personajes mitificados en los comics americanos y otras narrativas populares, la figura del héroe no suele referirse a un personaje que se dedica profesionalmente, y a tiempo completo, a salvar el mundo –los límites del mundo quedan aquí por definir–, sino más bien a una persona que, por desinterés, ha defendido o servido los intereses de una noble causa (los límites del término “noble” quedan aquí también por definir).

En su novela “Némesis” (Mondadori, 2011), Philip Roth evoca la idea de heroísmo de una manera sutil y profunda, con el caso de un joven atrapado en una situación excepcional en la ciudad de Newark (Estados Unidos) en junio de 1944. Con poco más de veintitrés años, Bucky Cantor es un lanzador de jabalina frustrado que, tras ver imposibilitado su sueño de luchar contra las fuerzas alemanas en Europa, se dedica con esmero a la formación deportiva de los niños de una escuela del barrio judío de Newark (ciudad de donde es oriundo Philip Roth).

Su labor responsable en la escuela se ve dificultada por una inesperada epidemia de polio que asola la ciudad, especialmente el barrio en el que vive. De entrada, descubrimos las tensiones raciales existentes entre un barrio y otro, pero sobre todo, la necesidad de reconocimiento y el deseo de superación de Bucky. Más que una simple labor educativa, el protagonista de la novela asume su puesto de trabajo como una verdadera “misión” y se obliga a encarar la polio como si de una guerra se tratara.

El libro se divide en dos. Una primera parte donde el educador se empeña en luchar contra la polio y sufre al percatarse de su impotencia, y una segunda donde el exilio a otro sector de Estados Unidos, propiciado por una oferta interesante y el reclamo de su novia, le impulsa a reflexionar sobre sus miedos, su valentía y dignidad.

Construida de manera sencilla, alrededor de dos partes que generan un conflicto psicológico tenso, rozando a veces lo angustioso, el logro del autor consiste en presentar lo absurdo que puede llegar a ser la lucha por el honor y el reconocimiento social. El giro inesperado del final permite incluso ilustrarnos el heroísmo como una fijación irracional, casi autodestructiva, que termina encerrando el protagonista en una soledad sin sentido (ilustrando de manera exagerada la definición de heroísmo que haría el filoso Max Scheler, es decir un acto de ímpetu y persistencia, más que un resultado exitoso).

Así pues, además de reflexionar sobre la presencia de Dios en nuestra vida cotidiana (tema al que el autor dedica habitualmente un espacio en sus obras), Philip Roth demuestra que un héroe puede ser el gran derrotado de una historia.

 

Johari Gautier Carmona

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