Medio ambiente

El crimen ambiental que nunca debió producirse

Johari Gautier Carmona

23/07/2014 - 11:30

 

El crimen ambiental que nunca debió producirse

La finca Río de Janeiro antes de la ola de incendios Desolada y acongojada, la dueña de la finca Río de Janeiro  nos transmite la noticia. Las palabras brotan con un notable desaliento. Gran parte del bosque seco que alberga sus terrenos acaban de esfumarse en un incendio que –como señalan los hechos– podría tener un alto componente intencional.

Junto con su padre, Alba Luz Luque-Lommel lleva en total más de setenta años protegiendo este pequeño paraíso en la costa colombiana ubicado a pocos kilómetros de la Valledupar, en la carretera que conduce El Jabo.

En las doscientas hectáreas dedicadas a la conservación de especies florales y de la fauna de la región,  la Universidad Nacional de Colombia consiguió registrar un centenar de aves típicas de la región y múltiples especies de árboles en peligro de extinción. Entre ellas figuraba la palma de Sará, considerada como un testimonio de la vegetación original de las planicies inundables del Caribe, pero eso sólo es una ínfima parte del tesoro que acaba de perder el Cesar.

Alba Luz Luque lamenta con una desbordada frustración y la garganta cargada de dolor la muerte de enormes árboles, Guacayanes amarillos, únicos en ese sector. Ella los vio morir. “Se caen solamente cuando ya están vueltos cenizas –explica la dueña de la finca– porque se queman por dentro, crujen como una persona pujando y lloran una miel espesa que es su savia”.

La Universidad Nacional describió este lugar como una “joya de la biodiversidad” y organizó varios estudios para recuperar la vegetación original de la región. Incluso apoyó la lucha de la dueña de la finca por proteger ese espacio de los posibles ataques y trató de sensibilizar a las autoridades locales, pero fue en vano.

Los palmares después del incendioLa señora Alba Luz Luque-Lommel llevaba años señalando el acoso y las prácticas incívicas de sus vecinos. En diciembre del 2010 y mayo de 2011, instauró dos demandas en las que detallaba las incursiones descontroladas en su propiedad y el peligro de invasión que existía. También señalaba la conducta irrespetuosa de ciertas personas que convertían su reserva en basurero o en baño público con las complicaciones que eso puede generar a nivel ambiental.

A estas denuncias siguieron otras tres demandas y un derecho a petición que no causaron ningún avance en términos de seguridad ni de civismo. A pesar de ser una joya declarada por los científicos del país, un verdadero museo biológico a cielo abierto, la finca fue relegada por las autoridades ambientales a un segundo plano.

Así pues, ante un vacío resonante, un primer incendio acabó en  marzo de este año con 55 hectáreas de su finca. Luego, a principios de abril, otro incendio arrasó con más de 110 hectáreas y, finalmente, otro profundizó el crimen ambiental y destruyó en su totalidad las esperanzas de una mujer volcada al completo en la defensa de un pedacito de nuestra tierra.

Desconsolada, Alba Luz Luque-Lommel se indigna. Sus preguntas son las de una mujer que lo ha hecho todo y no parece ver interés de parte de nadie. Ni siquiera las autoridades ambientales. ¿Cómo es posible que no se respete la propiedad privada y más cuando se trata de una reserva natural? ¿Dónde está el interés por preservar el patrimonio natural de nuestro país?

Sobre el autor

Johari Gautier Carmona

Johari Gautier Carmona

Textos caribeños

Periodista y narrador (Francia, 1979). Dirige PanoramaCultural.com.co desde su fundación en 2012.

Parisino español (del distrito XV) de herencia antillana. Barcelonés francés (del Guinardó) con fuerte ancla africana. Y, además -como si no fuera poco-: vallenato de adopción.

Escribe sobre culturas, África, viajes, medio ambiente y literatura. Todo lo que, de alguna forma, está ahí y no se deja ver…

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