Taller Literario Luis MurgasSentado detrás de una mesita rectangular en la sala de conferencias de la Biblioteca Rafael Carrillo, Luis Alberto Murgas espera a sus alumnos con paciencia. El profesor del taller de literatura Relata ––más conocido como “Beto”–– siempre es puntual. La verdad es que es el único que llega a la hora. Desde las ocho de la mañana de cada sábado (hora a la que supuestamente empieza el taller), el hombre se sienta con ese rostro pensativo que deja entrever un amor por las letras y una voluntad férrea por comunicar su conocimiento.

Los alumnos van llegando a cuenta gotas como hojas sueltas caídas de un árbol, pero a las nueve empieza la clase. El retraso se ha convertido en una norma tácita que permite convertir el espacio de reunión en una tertulia amena. El profesor lo acepta con humor, más preocupado por las lecturas que tiene en su plan de estudio, por las anécdotas que le aportan los asistentes, que imponer una autoridad. La literatura es una cuestión de entusiasmo, de apasionamiento y entrega, lo sabe muy bien Beto. Es un modo de vida que aquí se ilustra en cada detalle: en las lecturas que se comparten, en el café caliente que acompaña las conversaciones, en las bromas, comparaciones y críticas compartidas.

Llega la hora de hablar de autores y de poemas, de repartir unos libros prometidos la semana anterior a algunos de los asistentes y de leer unos escritos. Un cuento de Marguerite Yourcenar, un poema de Prévert, un haiku de Jorge Luis Borges. Todo vale en este espacio para despertar los sentidos y el apetito.

La literatura tiene un sutil parentesco con la gastronomía. Se compone de millones de aromas e ingredientes. Existen miles y millones de chefs y de recetas. Sólo hay que escoger, experimentar y dejarse atrapar por ese mundo que contiene muchos otros mundos. La lectura se hace en solitario pero en el taller literario se comenta el lenguaje, se descifra el significado, se estudian las formas y los formatos para entender una obra y, más adelante, construir una.

En las manos de Luis Alberto se balancea un poema impreso en un papel. Él le da sonido y vida y los alumnos lo escuchan con atención. Entre ellos están jóvenes de 10 años o 11 años, adolescentes de 15 a 18 años y otros mayores, artistas y escritores con una actividad profesional. Todos aprovechan el lugar y el momento para tirarse a la piscina de las letras. El baño es refrescante y entretenido. Todos conviven sin recelos, sin otro fin que conocer más y desarrollar la pasión de escribir.

En un momento de relajación, uno de los más jóvenes del taller anuncia lo que en su casa es una noticia de mayor importancia: “hoy mis papás celebran su 17 aniversario de casados”. El anuncio entretiene a algunos oyentes, otros lo felicitan, y el profesor interrumpe ese momento con un poema del poeta cubano Dulce María Loynaz:

 

“Hoy he sentido el río entero
En mis brazos. Lo he sentido
en mis brazos, trémulo… Vivo”

 

El silencio de la admiración y de la imaginación se impone durante unos breves instantes. La poesía tiene ese poder de evocación que subyuga a todo aquel que se rinde a ella. Sólo hace falta soltarse. Sentir y escuchar el fuego interior. Amar y dedicarse a la palabra.

Poco después, Beto nos habla del poeta y de su esencia. Expone alguno de sus proyectos personales: un poemario basado en el Zodiaco. Se exalta y empieza a hablar de la figura del poeta. “El poeta tiene licencia para crear nuevas palabras, para fusionarlas o cambiarlas”. Es una de las anécdotas del día. Una imagen vibrante. Uno de los momentos mágicos de un taller que se repite cada sábado en la Biblioteca Rafael Carrillo.

Más información sobre el Taller de literatura RELATA: El taller de Literatura RELATA –dirigido por Luis Alberto Murgas en Valledupar– abre sus puertas a partir del 18 de febrero a las 9 de la mañana y tendrá lugar cada sábado en la sala múltiple del Banco de la República. La entrada es libre y su objetivo principal es estimular la lectura crítica e impulsar la divulgación de nuevos autores.

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