Cine

Neruda y el hijo de una infección venérea

Carlos Cesar Silva

10/07/2017 - 06:35

 

 

I

Óscar, a través de su voz penetrante y melodiosa, me arrastra hacia un Chile que se ahorca con el cable de la locura. Habla sobre un González Videla traidor, un Partido Comunista desterrado y una bandera empapada de angustia. Cuestiona los diálogos y los actos ajenos, se presenta ante mí como un dios o más bien como un policía que todo lo sabe.

Tiene un solo propósito: asesinar a Neruda. Ahí va, veo sus pasos lentos, su mirada taciturna y su conciencia salvaje. Es feliz persiguiendo al poeta, siente placer cuando huele que está cerca de él. Su función es fascinante: narrador omnisciente y antagonista, cazador. Las frases que suelta hacen temblar mis entrañas, su delirio me genera -lo acepto- cierta simpatía.

II

Neruda es una película chilena de 2016 que fue dirigida por Pablo Larraín (el mismo de Tony Manero, Post Mortem, No, El Club, entre otras) y protagonizada por Luis Gnecco, Gael García Bernal y Mercedes Morán. Está basada en la persecución policiaca que el gobierno de González Videla ordenó en contra del escritor y senador comunista Pablo Neruda. Cuenta con una fotografía bella, unos diálogos poéticos y unas actuaciones que no parecen actuaciones sino piezas de la historia. Su música humedece los ojos, puede tocarse de fondo cuando se cantan los versos tristes del más grande poeta del siglo XXI (así lo calificó Gabo).

III

Veo a un Neruda venerado por muchos: los hombres quieren ser su amigo y las mujeres sueñan con protagonizar su siguiente poema, ellas saben que ése es el camino hacia la inmortalidad. Sin embargo, este Neruda no es un dios, mírenlo, ahí está: gordo, borracho, comunista, buena vida y cantador. Delia del Carril, su esposa argentina y aristócrata, lo rescata con sutileza de su naturaleza provinciana, ella es la luz de la ventana abierta al escape.

Oigo cuando Neruda dice que en Chile no hay libertad de palabra, que no se vive lejos del temor. Está arrepentido de haber apoyado a González Videla para que llegara a la presidencia, pero disfruta la persecución, ese juego de sagacidades que le propone un desconocido: Óscar. Ahora escribe su Canto general, sabe -más que nadie- que él es una leyenda literaria, un espectáculo. 

IV

El filme es revelador. Habla de un Neruda político que defiende los derechos humanos y hace de la poesía su arma letal. Sí, el canto Los enemigos se convierte en un himno de rebeldía entre trabajadores, prostitutas y líderes aliados: "No quiero que me den la mano / empapada con nuestra sangre”. Además, el biopic muestra a un Neruda prepotente, ambicioso y a veces hasta insensible. Óscar, el perseguidor, termina siendo un instrumento para vislumbrar la verdadera esencia del juglar.

V

Aunque no quieren encontrarse, puedo ver que se buscan con morbo. Neruda desea protagonizar una huida esplendorosa, respiro sus ansias de victoria definitiva y de bacanales de adulación. Mientras tanto, Óscar, el hijo de una infección venérea, está obsesionado con atrapar a un águila intrépida, pero ni siquiera da para alzar el vuelo. Ahí advierto su triste secreto: él piensa que es Neruda o quizás una metáfora de Neruda. Finalmente, el poeta, en medio de la nieve y la sangre, descubre el rostro del cazador que es cazado y le da un último adiós con una nostalgia inocultable.

 

Carlos César Silva

@CCSilva86

Sobre el autor

Carlos Cesar Silva

Carlos Cesar Silva

La curva

Carlos César Silva. Valledupar (Cesar) 22 de noviembre de 1986. Abogado de la Universidad Popular del Cesar, especialista y magister en Derecho Público de la Universidad del Norte. En el 2013 publicó en la web el libro de artículos Cine sin crispetas. Cuentos suyos han sido publicados en las revistas Puesto de Combate y Panorama Cultural. Miembro fundador del grupo artístico Jauría. Cocreador del bar cultural Tlön.

@ccsilva86

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