Ocio y sociedad

Noemí

Carlos Cesar Silva

31/07/2017 - 07:00

 

 

Conoció el sufrimiento inmortal que causa la aparición sorpresiva del crimen, cuando sus sueños vírgenes y sus senos salvajes florecían como una amapola. Era mediodía, había un sol violento y Pescaito lucía inmóvil. Noemí venía del colegio y vio cómo su padre, al bajarse de un viejo Renault 12, fue liquidado por una fiera de ojos rojos que disparaba serpientes desde una bicicleta.

El hecho ocurrió al frente de la casa familiar. Su madre apareció con los ojos húmedos, las cejas alzadas y el cabello desordenado: “Hijueputas”, gritó. Luego se arrodilló sobre un charco de sangre y abrazó a su marido con fuerza o más bien con rabia. A media cuadra de distancia, siguió Noemí inerte, muda. Allí hubiera querido quedarse para siempre, pero Robín, su vecino y profesor de taekwondo, la despertó con una caricia en la mejilla.

A pesar del rencor que todavía vive en sus entrañas, Noemí nunca ha querido saber quién asesinó a su padre: “Era un pobre vendedor de ilusiones de un pequeño casino del centro histórico de Santa Marta”, dice. Después de aquel evento trágico, ella juró que sería una abogada prestigiosa como quería su progenitor, mientras que su madre aseguró que cosería como una loca para pagar todos los gastos del hogar: ambas resolvieron encarar su odisea con firmeza, sin miedos.

No obstante, el amor, así como la rabia y la compasión, a veces ofrece retos repentinos e inevitables. Antes de acabar el bachillerato, Noemí quedó embarazada de Robín. Él era diez años mayor que ella, pero creía que estaba demasiado joven para encarcelar su espíritu libre, así que cuando se enteró que iba a ser padre, salió corriendo sin rumbo fijo. Ahí Noemí vislumbró que venían días más tenaces, que los hombres son unos cobardes: “El otro día supe que Robín vive en Caracas. Figúrate, salió en RCN gritando babosadas a favor de Maduro, ahí está pintado ese marica”, dice con enfado.

Cuando su madre supo la noticia del embarazo, se llenó de enojo: “Perra”, le gritó y le pegó una bofetada. Aun así, la vieja terminó ofreciéndole su compresión y su apoyo: sabía que estaban solas en el mundo. Noemí alumbró una niña hermosa, luego volvió al colegio y finalizó el bachillerato. Como el hambre seguía apuñalando sin piedad a su familia y no quería abandonar su sueño de ser una abogada, resolvió dejar a su hija con la abuela y venirse a Valledupar, la tierra de su padre, a trabajar y a estudiar derecho en la UPC: pensaba que aquí tal vez todo sería más fácil.

Noemí es morena, fileña y alta. Tiene los labios carnudos, el pelo largo y las piernas fornidas: el gimnasio es su obsesión, no tiene cirugías. Usa poco maquillaje y viste elegante, sensual. Acaba de cumplir veintiún años, cursa sexto semestre de derecho y vive sola en Los Cortijos. Ama el helado de vainilla, los poemas de Neruda y las películas de Mia Khalifa. Reconoce que tiene que consumir licor y cocaína para cumplir su trabajo, reconoce que todavía imagina a Robín mordiendo sus nalgas en el baño de la escuela de taekwondo.

Aquí en Valledupar Noemí trabajó como vendedora en un almacén de ropa y como mesera en un restaurante criollo, pero nunca contó con la plata suficiente para pagar la matrícula de la universidad, cubrir sus gastos personales y mandar para el sustento de la casa: “Mi madre tiene cáncer de garganta y casi no puede coser. La luz de sus ojos es su nieta”, afirma con nostalgia. Hoy la realidad de Noemí es otra, hoy no tiene problemas económicos. Hace parte del catálogo de K, un servicio suyo vale $ 150.000, de los que se gana $ 110.000. En vacaciones trabaja en Cartagena, Barranquilla y Bucaramanga. Dice que lleva una doble vida a la perfección, que sus compañeros de la UPC no sospechan en qué anda. A veces, después de sus viajes fantasmagóricos y sus festines de semen, ha pensado en suicidarse, pero la imagen de su criatura de cinco años y su madre inocente se terminan imponiendo, la llenan de vida.

 

Carlos Cesar Silva

@ccsilva86

Sobre el autor

Carlos Cesar Silva

Carlos Cesar Silva

La curva

Carlos César Silva. Valledupar (Cesar) 22 de noviembre de 1986. Abogado de la Universidad Popular del Cesar, especialista y magister en Derecho Público de la Universidad del Norte. En el 2013 publicó en la web el libro de artículos Cine sin crispetas. Cuentos suyos han sido publicados en las revistas Puesto de Combate y Panorama Cultural. Miembro fundador del grupo artístico Jauría. Cocreador del bar cultural Tlön.

@ccsilva86

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario

Le puede interesar

El dominó en Colombia: una pasión que busca su reconocimiento como deporte

El dominó en Colombia: una pasión que busca su reconocimiento como deporte

En Valledupar y numerosos municipios de la costa Caribe, el dominó es motivo de encuentros entre vecinos y partidas interminables. L...

Valledupar se moviliza para exigir una Salud digna

Valledupar se moviliza para exigir una Salud digna

“No seas indiferente. Todos somos pacientes y merecemos una Salud digna”. Estos son algunos de los lemas que animan la marcha para ...

Intimidades de un twittero irreverente y blindado contra los insultos

Intimidades de un twittero irreverente y blindado contra los insultos

En cifras Jacobo Solano Cerchiaro es: cuatro mil doscientos seguidores, mil doscientos seguidos, setenta y un mil quinientos trinos y...

El encuentro con el Santo Ecce Homo y los detalles de una veneración

El encuentro con el Santo Ecce Homo y los detalles de una veneración

De cómo nació la leyenda del Santo Ecce Homo en Valledupar existen muchas versiones, aunque suele prevalecer la versión de un artesa...

Los reyes magos: ¿eran reyes o magos?

Los reyes magos: ¿eran reyes o magos?

La palabra “mago”, la cual se traduce en ocasiones “hombres sabios”, es la raíz de la palabra “magia”. Esto no significa...

Lo más leído

Chistes para contar en Navidad

Marian Otero | Ocio y sociedad

La Navidad en la literatura

Antonio Acevedo Linares | Literatura

Desde “El cielito” del Loperena

Alberto Muñoz Peñaloza | Opinión

Alimentar dos pájaros con un pan

Diego Andrés Miranda | Medio ambiente

CPV: mucho coaching y oraciones, pocos vinos

Edgardo Mendoza (y confidentes) | Opinión

Los Gatofríos

Diógenes Armando Pino Ávila | Opinión

Síguenos

facebook twitter youtube