Literatura

Los Borrachos

Antonio Ureña García

15/01/2018 - 08:50

 

 

Después de caminar un rato, los tres amigos, que habían establecido el pacto de no hablar sobre el trabajo que les unía, la antropología social, y poder disfrutar así de un merecido tiempo libre, por fin encontraron el lugar recomendado para comer. Si bien en las horas del mediodía el calor empezaba a hacerse notar, en el interior del local, protegido con robustos muros, reinaba un ambiente fresco y agradable. La carta estaba repleta de platos de comida serrana más propios de meses fríos que del verano; sin embargo, junto a la variedad de ensaladas, hubo algo que enseguida llamó la atención de los comensales: trucha de la Sierra de Guadarrama. Llegado el momento de elegir el vino, Lucrecia dirigió su mirada a Miguel, el cual, a su vez, miró a Carla, quien se decidió por un “chardonnay” criado en roble.

–En la Argentina decimos que todos los españoles, en realidad decimos “todos los gallegos”, saben de vinos... Un tópico que, al menos en este caso, se cumple al 50%. ¿No?

–En este caso, sí –dijo Miguel sonriendo–. Yo de vinos no tengo ni idea, pero Carla es toda una experta...

–Qué bueno -afirmó Lucrecia-. Siempre pensé, querida, que no tomabas alcohol.

–De experta nada y en realidad prácticamente no lo pruebo. Sucede que hace poco tiempo realicé un pequeño estudio sobre el auge de la cultura del vino en la sociedad actual y asistí a un curso de cata. El ambiente no me gustó absolutamente nada. Sin embargo, aprendí alguna cosa. Hace años, el vino era patrimonio del pueblo, de los grupos considerados más bajos, y ahora lo es de las élites.

–Cuando yo era estudiante –continuó Miguel-, nos reuníamos en los mesones a tomar vino peleón3. Con el acaloramiento etílico recitábamos una copla:

“Antes, cuando no nos conocíamos,

bebíamos.

Ahora que nos conocemos,

bebemos.

Pues entonces:

bebamos hasta que no nos conozcamos…”

Entre risas de todos, Carla añadió:

–Tiempo atrás, el vino era patrimonio masculino. Ahora ha perdido la perspectiva de género, a la vez se ha convertido en símbolo de clase; de lujo, de “savoir vibre”. Es cierto que la calidad de los vinos actuales no es la de antes. A cambio, han multiplicado su precio, dejando de ser algo muy asequible.

–La primera vez que estuve en España, siendo bastante chica, me sorprendió que en todas las comidas se sirviera vino. Aquello, en mi país, únicamente se hacía como motivo de celebración. Tal fue mi sorpresa que saqué una conclusión: acá, ustedes se la pasaban todos los días de fiesta.

–No veas qué fiestas teníamos por aquí aquellos años –añadió Carla con ironía en referencia a los tiempos de la dictadura franquista–. Ahora, prácticamente nadie, a no ser personas de un nivel económico muy alto, pueden permitirse comer todos los días con un vino similar al que hemos pedido. Existen vinos muchísimo más baratos, es cierto, pero de tal mala calidad que apenas se consumen en la mesa. También el paladar ha mejorado bastante en nuestro país.

–Efectivamente, el vino ha dejado de ser patrimonio de las clases populares. Si Velázquez hubiera pintado su cuadro “los borrachos” en el S. XXI, los personajes no serían aldeanos beodos, sino personas de clase alta –dijo Miguel.

–En Museo del Prado, comentaste de pasada que “los borrachos” es una pintura mitológica.  Aunque me encanta, no acabo de entenderla como tal.

El cuadro El Triunfo de Baco, pintado en 1629 por el pintor Diego Velázquez, conocido popularmente como Los borrachos –Velázquez, como artista barroco, tiene varias lecturas. La más evidente, estaría en relación con el título por el cual se la conoce. La otra, o las otras, son menos claras. Toda la obra de Velázquez –explicó- es un pulso entre tradición y modernidad. Ese cuadro es una perfecta muestra de ello: por un lado está vinculado a sus obras de  la “etapa sevillana”; por otro, es un anuncio de sus grandes composiciones, que supondrán el núcleo más importante de su pintura. Una de las críticas que recibe al llegar a la Corte, es que tiene poca formación cultural y por eso hace temas “vulgares”. Toda la obra velazqueña es, en cierto modo, una reivindicación de sí mismo; de su genio pictórico y la nobleza de su arte.  Con este cuadro -en el que trata de manera realista un asunto considerado “noble”- el pintor demuestra que no sólo conoce la mitología. El asunto, “El triunfo de Baco”, está tomado de “Las Metamorfosis” de Ovidio. Además, tiene un gran dominio técnico sobre el género, al lograr interpretarlo de forma absolutamente personal y libre. Reivindica igualmente que su maestría al abordar una difícil composición donde aparecen figuras con variadas actitudes y no sólo retratos o personajes aislados; crítica que también recibe de otros pintores coetáneos. Por último, también pone de manifiesto que conoce los principios del Concilio de Trento: “hacer visibles, las cosas invisibles”.

–Muy Interesante. Entonces, Velázquez pinta este cuadro para él; para reivindicar su genio. Aunque supongo que más tarde trataría de venderlo…

–Al contrario, Lucrecia. Se piensa que el cuadro es encargo del propio Rey; aumentando entonces dicha reivindicación

Ahora sí que lo entiendo menos. ¿Qué interés podría tener el Rey, harto católico, en un cuadro mitológico que habla precisamente del Dios del vino y cuya lectura mitológica no aparece a primera vista?

Mientras Carla buscaba la imagen a través de su teléfono, Miguel comentó:

–La mitología siempre ha tenido una lectura áulica: los dioses, pese a su carácter sobrenatural, tienen pasiones humanas. Los Reyes participan de esta doble condición, humana y sobrenatural, pues lo son, dicen -matizó con sorna- por la gracia de Dios. Así, la mitología es una teatralización del poder. Sin embargo, es cierto que en este caso la lectura parece más compleja, ya que se trata -como tú dices- del Dios del vino. Baco entregó esta bebida a los hombres para darles consuelo e inspiración. De ahí –dijo señalando la pantalla- el personaje coronado por él con hojas de hiedra: distinción reservada a los poetas en la antigüedad. Como el vino, el buen gobierno trae el bienestar y el consuelo a los súbditos. Así, este cuadro es, otra vez, una metáfora del poder; como de alguna forma el vino se ha convertido hoy en día metáfora del poder económico.

–Ah. ¿Entonces “los borrachos” -dijo Carla- es una alegoría del buen gobierno? Ahora entiendo lo del encargo real, pues al igual que a ti, Lucrecia, también me sorprendió.

Mientras charlaban sobre el valor simbólico del vino, trajeron la botella encargada. Después de brindar por su amistad Lucrecia exclamó:

–¡Delicioso, Carla!  ¿Es un vino francés, ¿no?

–La uva es de origen francés, concretamente de Borgoña, pero el vino está hecho en el Ampurdán: una comarca de Cataluña famosa por sus vinos desde tiempo inmemorial. De hecho, se piensa que los griegos introdujeron por Ampurias -la población greco-romana de la cual la región toma su nombre- el cultivo de la vid en España…

–La cultura mediterránea es riquísima. Como saben, yo tengo raíces italianas.

–Realmente bueno –opinó Miguel–, aunque beberé muy poquito, pues he de conducir…

–Déjame conducir a mí –intervino Carla–, como decía antes yo apenas si pruebo el alcohol. Además, quiero llevaros a un sitio... Pero es una sorpresa que no voy a revelar hasta que lleguemos.

–Un placer. Así puedo beber un poco más, cosa que tampoco suelo hacer, pero la ocasión y la calidad del vino lo merecen… ¿Y dónde nos vas a llevar?

–Ah... Es una sorpresa y no pienso decir nada.

–Entonces no insistiremos más –aseguró Lucrecia–. ¡Salud!

–¡Salud! –respondieron Miguel y Carla.

(Continuará)

 
Antonio Ureña García 

Guadarrama, Madrid.

 

1- Los borrachos: nombre por el que se conoce popularmente el cuadro del pintor Diego Velázquez, titulado El Triunfo de Baco, pintado en 1629.

2- Guadarrama: localidad próxima a la ciudad de Madrid, situada en la Sierra del mismo nombre.       

3- En España se denomina “vino peleón” al de alta graduación alcohólica pero escasa calidad.

Sobre el autor

Antonio Ureña García

Antonio Ureña García

Contrapunteo cultural

Antonio Ureña García (Madrid, España). Doctor (PHD) en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como Investigador en Ciencias Sociales es especialista en Latinoamérica, región donde ha realizado diversos trabajos de investigación así como actividades de Cooperación para el Desarrollo, siendo distinguido por este motivo con la Orden General José Antonio Páez en su Primera Categoría (Venezuela). En su columna “Contrapunteo Cultural” persigue hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad latinoamericanas desde una perspectiva antropológica.

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