Música y folclor

El machismo en las canciones vallenatas

Luis Carlos Ramirez Lascarro

28/04/2018 - 06:15

 

 

Los avances mostrados por un primo en su proceso de “desaprendizaje” del machismo en sus redes sociales, me ha llevado a pensar en el discurso machista que se encuentra en las canciones vallenatas, a veces de manera explícita y otras no tanto, aunque siempre frecuente e innegable.

Sondeando en esas mismas redes me he encontrado con la idea extendida de que sólo las canciones recientes, de la denominada Nueva Ola del vallenato, tienen letras denigrantes hacia las mujeres, pero no las clásicas, idea que revisaremos definiendo al machismo, sus rasgos y evaluando las letras de un grupo de canciones de diferentes épocas del vallenato en busca de saber qué tan acertada o no es esta idea generalizada.

Herencia cultural

El machismo se puede definir como un conjunto de creencias, actitudes y conductas que manifiestan la superioridad del hombre sobre la mujer en áreas consideradas importantes para los hombres1. Forma de pensar que está arraigada en nuestra cultura, desde lo local hasta lo latinoamericano, por lo cual se puede considerar lógico y se llegan a aceptar como normales, por su cotidianidad, ciertos comportamientos que se encarnan y actualizan en las canciones vallenatas, las cuales, como hecho discursivo, expresan y contribuyen a mantener una serie de sentimientos, valores y expectativas compartidas por el grupo social identificado y representado en y con el vallenato.

Las raíces del machismo, superan, incluso, el ámbito latinoamericano para remontarse, por lo menos a toda la civilización occidental, lo que puede corroborarse mediante una serie de frases de personalidades de la ciencia y las humanidades que han dado cobertura intelectual y religiosa a la exclusión o subordinación de las mujeres, desde la sentencia a causa del pecado original que se puede encontrar en el Gen 3, 16, donde Yahvé dijo a la mujer: y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti, que para muchos justifica este comportamiento hasta intelectuales tan recientes como Maurois, para quien las mujeres son como los caballos: hay que hablarles antes de ponerles las bridas, recorrido vergonzoso de citas que pasa por el clasicismo griego donde, por ejemplo Pitágoras aseguraba que hay un principio bueno, que ha creado el orden, la luz y el hombre, y un principio malo, que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer, pasando porreferentes del cristianismo como Fray Luis de León y Santo Tomás de Aquino, autores claves en el desarrollo científico occidental como Darwin, Freud y Karl Joung, grandes literatos como Quevedo, Baudelaire, Dostoievski y Balzac, así como algunos de los filósofos que se han constituido en pilares fundamentales de la cultura occidental como Kant, Rousseau, Comte, Kierkegard y Nietzche, para quien cuando una mujer tiene inclinaciones doctas, de ordinario hay algo en su sexualidad que no marcha bien.

Podríamos hablar del machismo en oriente, principalmente a partir de lo que los medios masivos nos presentan de estas culturas, pero como poco sabemos contextualmente de éstas, es, también, poco lo que podemos decir con certeza sobre sus raíces o manifestaciones que no sea permeado por la visión dada por nuestra propia cultura, pecando de etnocentristas en ello.

En lo local no se puede negar ni ocultar que el vallenato, históricamente, ha sido un género que exalta la imagen de un hombre viril, mujeriego y bebedor, ni que eso genera orgullo en el oyente varón que suele identificarse con tales características. Situación que se agrava con la gran responsabilidad que aún les cabe a las mujeres en la reproducción e incluso ponderación del modelo machista que las pide sumisas y “comprensivas”, de tal forma que, aunque haya cambios frente a épocas anteriores, la larga tradición machista parece difícil de ser eliminada de la sociedad colombiana y costeña, aún más considerando el refuerzo constante que significan estas canciones ampliamente aceptadas y reproducidas.

Algunos rasgos machistas

Además de la exageración de las características masculinas y la creencia en la superioridad del hombre, que determina la investigación ¨El machismo como fenómeno psicocultural¨2, el machismo incluye otras características peculiares atribuidas al concepto de hombría, tales como un hiriente desapego emocional con el que pretenden los machos demostrar su masculinidad, diferenciándose de la mujer sentimental y afectiva, por su frialdad. Ella ama, pero él conquista.

Permanentemente están en la búsqueda de la concreción o demostración de una alta potencialidad sexual que para ellos se demuestra en la atribución de una mejor o mayor reputación para el hombre que más mujeres tenga. Suelen considerar a los adolescentes no machos, presionándolos a demostrar su hombría, es decir, a engendrar un hijo tan pronto sea posible sin importar las consecuencias que esto pueda traer.

En los machistas es común el alardeo, para lo cual deben tener las mejores historias (ya sean reales o ficticias) acerca del tamaño de su miembro, su virilidad y capacidad de conquista a todas las mujeres. Son unos pavos reales de profesión, así sus plumas sean de plástico. Por esto se mantienen a la defensa tanto de su propia imagen como la de las hermanas e hijas, procurando evitar que algún hombre se acerque a ellas y cuidando de que lleguen vírgenes al matrimonio.

Este tipo de machismo es el manifestado en La Casa en el Aire, para tener a la niña de los ojos fuera del alcance de los gavilanes. Esta defensa los convierte en celosos y agresivos, lo que explica el fenómeno de golpear y aun cometer homicidio con la mujer infiel. Conducta violenta que no es aprobada, pero en cierto modo se le espera y se le "comprende".

Esa sensación de propiedad suele continuar en el machista incluso cuando ya la relación ha terminado pues sienten que entre más parejas sentimentales o sexuales tenga la mujer del macho, menor será su posicionamiento en la escala de macho. La agresividad también se ve cuando tratan de mostrarles a los demás que se es "el más macho", el más masculino, el más fuerte, el más poderoso físicamente. Y toda mujer espera, también, que su amante sea el más macho, el más guapo (valiente) quien la pueda proteger y defender de otros hombres.

Tipos de Machismo

Basándonos en Domenec Benaiges Fusté (2008), el machismo se puede tipificar en tres ámbitos, a saber: Coercitivo, Encubierto y De Crisis.

En el machismo encubierto la treta de poder del victimario es tan sutil que puede pasar desapercibido por la víctima, manipulando a la mujer para que haga cosas que no quiera hacer y que ésta actúe de la forma que su verdugo lo desee, aprovechando la dependencia emocional de la pareja para persuadirla y conseguir lo que quiere sin ser evidente. El machismo de crisis suele presentarse en momentos cuando existe un desequilibrio de poder en la relación, con el fin de recuperar el mandato y se manifiesta con diversas conductas que reflejan a la pareja un estado decadente y humillante, con el fin de mantener la relación emocional, pero siendo él el opresor, sin derecho a que la mujer se revele contra éste.  El machismo coercitivo es el de más fácil identificación en las canciones vallenatas y el más encontrado en ellas. Se caracteriza porque mediante él, el hombre se encarga de mostrar su fuerza física, moral, psíquica o económica con el fin de doblegar y minimizar a la mujer.

Un claro ejemplo de actitud moralista en las canciones vallenatas se ejemplifica con la pretensión de la mujer “inmaculada” de la cual se obtiene su virginidad como premio de la virilidad. La falta de esta se sigue entendiendo, aún, como falta de honra y motivo para vituperar a la mujer. Esta posición la ofrece el compositor Jesús Abigaíl Martínez en la canción Ceniza fría, hecha famosa por los Chiches del Vallenato, donde dice:

No es que yo diga que eres sin valor.

Tú eres la misma y tal vez mejor,

pero es que ya yo no quiero.

Sinceramente no puedo,

el primero fue el primero,

ya de segundo no quiero.

Otro ejemplo de coerción en las canciones vallenatas se encuentra en aquellas en las que se muestran los derechos que el hombre cree tener para “gozar” y que la mujer no debe ni puede tener por ser mujer, tales como el derecho a embriagarse, a estar parrandeando y callejeando, a enamorar y tener relaciones a voluntad y a gastarse libremente lo que gana.

Se ve normal que Juancho Polo diga Yo tengo doce mujeres, todas doce son bonitas, y todas doce me quieren y me hacen la visita3, sin embargo, muchos no ven nada bien ese mismo comportamiento en una mujer y por ello se identifican con Fabián Corrales cuando le dice a la mujer con la que pasó una noche de placer, que así no sirve, dado que no le amarran los compromisos y está dejando huella con su historia. Misma razón por la cual José Acendra ve el mundo al revés, cuando ella se va pal trabajo… y él se queda allá en la casa4, mundo que sin embargo tiene sus patas bien puestecitas cuando Nando Marin asegura que el hombre es quien puede salir a la calle, a la mujer le toca quedarse en la casa5.

Gran parte del machismo que se señala en las canciones recientes se relaciona, realmente, con la incomodidad que causa en muchos hombres el hecho de que muchas mujeres tengan actitudes o realicen actividades que antes les eran exclusivas o casi y que en varias canciones de la vieja guardia se puede ejemplificar, como en esa donde Escalona le demuestra a sus amigos que aún recién casado puede hacer lo que un hombre quiere hacé: enamorá si se ofrece a la que se le atraviese… y parrandiá cuando quiera6 o esa donde Diomedes reconoce que es mujeriego, pero se justifica porque ella sabe y a él le consta que cuando se conocieron, sabía que era parrandero7.

Cantarle a la Rumbera que prefiere una parranda al estudio, a la promiscuidad descarada de la Black and White, la Motosierra o la Materialista, a la algo más discreta de La Pelusa, a la ninfomaníaca Caimana,  la Borracha que tiene una discoteca como segundo hogar, que ahora es La Chacha que a todos manda a dormir o a aquella licenciosa que busca pasarla bacano con una Llamada clandestina, no es atacarlas sino mostrar una realidad que si fuera protagonizada por hombres no tendría nada de extraño ni malo.

Así como no tiene nada de malo que Sergio Moya le preste el corazón por un ratico a alguna de sus amiguitas, o es celebrado que Julio Erazo pida a su mujer que se deje de cosas, que él no la cambia por nada en la vida. Tampoco hay problema que muchos pretendan que no les vean Cara e novio o que vayan buscando por ahí, impunemente, algún Amor de madrugada, pero si van preguntando descaradamente “Dónde está esa mujer… hacendosa (¿sumisa?) como mi mamá” renegando de “la modernidad” que unos aparentes conservadores no dispuestos a dejar que hagan con ellos lo que quieran8 creen ha echado todo a perder en el amor, acabando los otrora perdurables matrimonios. Duraban más por la sumisión que por otra cosa.

En el vallenato, en ocasiones, se ha pasado de la coerción moral a la incitación o confesión de la violencia física contra las mujeres, faceta que, si bien es menos frecuente, no deja de ser un indicador preocupante de ese lado oscuro de nuestra cultura que muchos quisiéramos no fuera cierto. Escalona aconseja a su compadre Tomás9 que si su mujer lo sigue molestando, le meta una garrotera y póngase a parrandiá, pa´ que vea como le quita el resabio, pa´ que vea como no lo molesta más. Esteban Montaño en su paseo Mujer Celosa, aconseja a un amigo innombrado de manera vergonzosa y reprochable: las mujeres celosas siempre se tienen que maltratar y no darle vida propia, para que se dejen de cosas y aprendan a respetar. Julio de la Ossa pide que a las pelioneras, que no quieren al mario, que les den puño molio y también su garrotera. Actitud llevada al extremo por Alejo Durán, quien asegura que si encuentra a su mujer brava cuando llega de parrandear, la levanta a trompá… y carga la mano empuñá, pa que no le diga nada, por lo que la encuentra risueñita como efecto de la muñeca10. La concreción descarada de esta actitud tan deplorable se encuentra en la canción El bojo, grabada como El golpe, de Freddy Carrillo, donde dice en la voz de Jorge Oñate: Nuestro amor es de verdad, por nada puede acabarse, mucho te puedo golpear, pero te quiero bastante. Ya esto es misoginia y entre trago y trago ha pasado de agache en el cancionero popular.

La muestra más deplorable de machismo, sin embargo, para mí y que es bastante frecuente es la que nos presenta El Negrito Osorio en la canción Los Hijos no se niegan, donde el infame protagonista de la historia, al enterarse que va a ser padre cambió enseguida, se llenó de ira, se portó cobarde. No cuentes conmigo, búscale apellido, yo no soy el padre, replicó enseguida a la destrozada chica.

Otras muestras de machismo

Las canciones vallenatas configuran un sistema de representaciones sociales, que además sirve para modelar la forma de vida de la colectividad, la cual le ha conferido a sus compositores e intérpretes un status que privilegia sus juicios morales, sean estos correctos o no, por medio de los cuales legitiman representaciones sobre el deber ser y refuerzan estereotipos y actitudes que, como hemos visto, no siempre son los mejores.

El machismo no solo se ejemplifica en la constante dicotomía de los autores entre exaltar o vilipendiar, honrar o deshonrar, encumbrar o enterrar a quienes gocen de sus amores y desamores, sino en la actitud general de la industria musical frente a las mujeres, a quienes no se les dan los mismos espacios y el mismo tratamiento que a los hombres. No se acepta libremente la participación de la mujer en esta música, no se ve bien aún.

El papel preponderante que tuvo La Cacica en el ámbito vallenato es la excepción que confirma la regla. El momento vivido por Patricia Teherán no parece ser diferente. Son pocas las agrupaciones lideradas por mujeres y con la excepción de Sombra Pérdida de Rita Fernández, no parece haber otra canción de las clásicas o por lo menos famosas que tenga la perspectiva neutra en su abordaje del amor – desamor y menos la de una mujer. Son escritas desde una perspectiva hetero y patriarcal del amor.

No faltará quien diga que en la mayoría de las canciones vallenatas se exalta a las mujeres, que son sus musas, pero, más allá de las canciones que tratan de las costumbres, que hacen una reflexión o nacen de la piqueria, ¿qué canción no está hecha sino para enamorar a una mujer o desdecir de su desamor? Esto es sexismo, así sea encubierto.

Falta mucho por recorrer para cambiar esa visión conservadora y tradicionalista que permita al fin romper paradigmas y estigmas culturales, y así suprimir de una vez por todas estas conductas machistas en el género vallenato y en la idiosincrasia de intérpretes, compositores, fanáticos y el público en general.

“Pobrecita” la mujer que agravie a un autor vallenato pues nunca tendrá la oportunidad de resarcirse de las “puyas” en que se convierten los versos cuando están cargados de veneno. Por ello la imagen de muchas mujeres seguirán “condenadas” al escarnio irredimible, sino que lo diga la “Camaleona” que menospreció a Leandro Díaz como pretendiente de su hija o la “Gordita” que se le fue con otro; o “La marimonda” que se baja de un palo y se sube en el otro, “La difunta” y la “Cabecita loca” de Romualdo Brito; “La veterana” que tanto vituperó Beto Daza o “La camajana” que disgustó a Emiliano Zuleta para solo mencionar algunos casos.

El machismo de nuestros cantos es un asunto que cada generación asume con mayor o menor énfasis y exacerbación. Que ellas ya comiencen a poner el delicado tema sobre la mesa es un primer paso para generar conciencia en creadores y consumidores de esta forma de expresión sonora que es la música vallenata.

 

Luis Carlos Ramírez Lascarro

@luiskramirezl

 

Referencias:

1 Castañeda, M. (2002). El machismo invisible. México: Grijalbo.

2 GIRALDO, OCTAVIO; p. 295-309. (1972)

3 Pa Volverlo Gallina, Juancho Polo Valencia, álbum Jesucristo caminando con San Juan, 1976.

4 El mundo al revés, Iván Villazón, álbum El mundo al revés, 1999.

5 La Camorra, Churo Díaz, álbum Esta es la forma, 2007.

6 El casado, Hermanos Zuleta, álbum Mi canto sentimental, 1973.

7 El Cóndor herido, Diomedes Díaz, álbum El Cóndor herido, 1989.

8 Anticuado, Rafa Daza y Jaime Luis campillo, La Promesa, 2016.

9 El compadre Tomás, Jorge Oñate, álbum Fuera de concurso, 1974.

10 Me levante el secreto, Alejo Durán, álbum Tu retrato, 1978.

 

Sobre el autor

Luis Carlos Ramirez Lascarro

Luis Carlos Ramirez Lascarro

A tres tabacos

Luis Carlos Ramírez Lascarro nació el 29 de junio de 1984 en la población de Guamal, Magdalena, Colombia. Es técnico en Telecomunicaciones y tecnólogo en Electrónica. Estudia actualmente Ingeniería de Telecomunicaciones y trabaja para una empresa nacional de distribución de energía eléctrica. Finalista de la cuarta versión del concurso Tulio Bayer, Poesía Social sin Banderas, 2005, en cuya antología fue incluido con el poema: Anuncio. Finalista también del Concurso Internacional de Micro ficción “Garzón Céspedes” 2007. Su texto El Hombre, fue incluido en el libro “Polen para fecundar manantiales” de la colección Gaviotas de Azogue de la CIINOE, antología de los finalistas y ganadores de dicho concurso, editado en 2008. El poema Monólogo viendo a los ojos a un sin vergüenza, fue incluido en la antología “Con otra voz”, editado por Latin Heritage Foundation. Esta misma editorial incluyó sus escritos: Niche, Piropo y Oda al porro en la antología “Poemas Inolvidables”, de autores de diversos lugares a nivel mundial. Ambas ediciones del 2011. Incluido en la antología Tocando el viento del Taller Relata de creación literaria: La poesía es un viaje, 2012, con los poemas: Confidencia y guamal y con el texto de reflexión sobre poesía: Aproximación poética. Invitado a la séptima edición del Festival Internacional de Poesía: Luna de Locos de Pereira (2013) e incluido en la Antología nacional de Relata, 2013, con el poema: Amanecer.

Es autor del libro, publicado de manera independiente: El Guamalero: Textos de un Robavion y de los libros aún inéditos: Confidencia y Libro de sueños.

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