Música y folclor
Abel Pacheco Sarabia, Radiola: ¿Te sabes esa canción vallenata?

Al cantante Abel Pacheco Sarabia hay que solicitarle que interprete una canción perteneciente al vallenato tradicional para saber por qué algunos de sus seguidores le preguntan: “Radiola ¿Te sabes ese disco?”
—Me sé y canto todas las canciones grabadas por Los Hermanos Zuleta; las de Jorge Oñate y los Hermanos López; muchas de Diomedes. Las que Luis Enrique Martínez grabó desde 1966; de Durán, Abel Antonio; Landero. También algunas que nunca han sido llevadas a trabajos musicales, y muchos temas interpretados por variados cantantes de música vallenata. Señala Abel Pacheco.
Producto de esa capacidad para aprenderse e interpretar música vallenata, Abel cuenta una anécdota que vivió en 1969, cuando Alejandro Durán grabó la canción Compae Chemo. Viajaba en un Johnson por el río Magdalena rumbo a Salamina, Magdalena, en compañía de su tío, el acordeonero Vidal Pacheco. Iban a las fiestas patronales de esta localidad cuando fueron abordados por un pasajero:
—¿Qué llevan en esa maleta?
—Un acordeón —le respondió Vidal—.
—Si tocan Compadre Chemo, se van para mi casa a amenizar una parranda.
—Sobrino, ¿te sabes esa canción?
Pacheco, que apenas la había escuchado, respondió:
—Creo que sí.
La rumba se extendió por cuatro días y esa fue la canción mayormente interpretada.
Los inicios de Abel Pacheco como cantante fueron en Villanueva, La Guajira, para donde se lo llevó su tío Vidal Pacheco. Era un adolescente y recuerda haber cantado en las esquinas de esa localidad con el acompañamiento musical del acordeonero Norberto Romero. También lo hizo con la banda de viento del Chongo Romero.
A los dieciocho años se marchó para Fundación y se asoció con el acordeonero Abel Carrillo; sin embargo, su viaje continuó hacia Pivijay, donde conoció a José Antonio Escorcia, quien lo abordó para hacerle una propuesta musical:
“Alberto Pacheco, el cuarto rey vallenato, necesita un cantante y tú le puedes servir.”
Después, Abel fue invitado a una parranda en Guáimaro donde estaba Pacheco. Lo escuchó cantar y le dijo: “Te necesito.” Para entonces este acordeonero se había mudado de Valledupar para Barranquilla.
—Alberto Pacheco, a pesar de haber estado residenciado en Valledupar, tenía mucha clientela en Barranquilla: desde marimberos hasta políticos, ganaderos, comerciantes, en fin. Es que era un acordeonero inteligente, además interpretaba el piano, la guitarra. Él no solo le ganó a Luis Enrique Martínez en el Festival Vallenato, también en algunas parrandas en la que compartimos, como la que organizó el ganadero Manuelito De la Cruz. Lo que pasa es que Alberto era barranquillero.
Fue tocando en un baile, al lado de este acordeonero, en el que además participaba la Orquesta de Pacho Galán, cuando Pepe Molina, cantante de esa agrupación, lo abordó:
— ¿Grabarías con nosotros unas canciones?
—Claro que sí —dijo Abel—.
Días después grabaron cuatro temas, entre ellos: La nostalgia de Poncho y Pedazo de acordeón. Fue un trabajo musical que salió a nombre de Abel y de la Orquesta La Arenosa, y cuyo mercado principal fue Estados Unidos.
Era la primera vez que su canto era incluido en un trabajo discográfico, pues con el cuarto rey vallenato se frustró una oportunidad de hacerlo porque no encontró la dirección de la casa de grabación y fue reemplazado por un cantante samario. Después, cuando Alberto Pacheco se regresó a Valledupar, volvió a grabar música vallenata en compañía de acordeoneros como Jesús Brochero, Virgilio De la Hoz y Pello Blanco, entre otros.
Incluso, fue cantante de planta de Felito Records hasta cuando la piratería hizo de la producción musical un negocio poco lucrativo para los sellos disqueros. Actualmente graba para estar vigente, como se lo exige Sayco y Acimpro, aunque no tiene los medios para hacer conocer lo que produce a través de las redes sociales y plataforma de vídeo en línea.
Abel acepta con dignidad lo que sucede en el mundo musical, también que ha perdido el contacto con la mayoría de sus clientes, los que en su mayoría heredó de su unión con Alberto Pacheco. Y fue tanta la clientela que en algunas oportunidades debió cederles la amenización de parrandas a otras agrupaciones vallenatas.
Sin embargo, para entonces, los miembros de los conjuntos vallenatos que se reunían en la calle 72 para ofrecer sus servicios, eran víctimas del rechazo de algunos comerciantes, como recuerda Abel quien menciona a la propietaria de Pollos Pio Lindo como la principal opositora a que en su negocio se escuchara música vallenata. También admite que todo cambió cuando una mujer que identifica como de pelo mono tomó en arriendo un local y abrió las puertas de un restaurante, en el que permitió que los músicos complacieran a su clientela. Igualmente, cuando la secretaría de obras públicas del entonces municipio de Barranquilla, construyó un quiosco para la estancia de los músicos.
Era el tiempo de la bonanza marimbera; por eso, Abel era de los cantantes preferidos de importantes marimberos ubicados en La Guajira, por los que viajaba todas las semanas, de miércoles a viernes, a algunas localidades ubicadas en ese departamento, en compañía de su conjunto musical.
—En una de esas parrandas en Barranca, La Guajira, conocí a José Amaya. Fue una relación que surgió porque un hijo pequeño de él, en la casa de uno de mis clientes, se apegó a mí. A él eso le pareció gracioso y decidió hacerme padrino del menor. Después del bautizo duramos cuatro días parrandeando, y en medio de la última juerga, mi compadre me dijo que el producido económico del embarque, que estaba pronto a coronar, iba a ser para mí. Aquello me dio alegría, pero igual sentí temor, pues él siempre estaba rodeado de escoltas y pensé que alguno podría molestarse, ya que yo, un desconocido, iba a logra un beneficio que ellos, como sus trabajadores, no obtendrían. Al día siguiente de la propuesta le dije al compadre que iba a Barranquilla, pero que regresaría. No volví y desde entonces más nunca supe de él ni de mi ahijado.
Después, cuando José Luis González fue elegido como gobernador de La Guajira, un día el cajero de conjuntos vallenatos, al que le decían “Pelo e Guiso”, le informó a Pacheco que había conseguido un contrato para amenizar una parranda a este funcionario. Parranda donde se presentó Adolfo Pacheco, se conoció con Abel y desde entonces se consideraron como familia.
Luego de esa esa parranda hubo más, especialmente en Carrizal, La Guajira.
—Un día se presentó Adolfo Pacheco a mi casa y me dijo: “Pariente, prepárese que el gobernador nos mandó a buscar.” Nos fuimos para Carrizal y allá, mientras amenizábamos una parranda, José Luis me dijo: “Abel, una vez ayude económicamente a Felipe Peláez; te voy a regalar una buena suma de dinero.” Y fue en el marco de esa fiesta cuando el gobernador comenzó a destacar que Villanueva había dado en mayor número de cantantes vallenato. Mencionó a Poncho Zuleta, a otros y, también, mi nombre.
Entonces, el Negro Villa, a quien había llevado como acordeonero, señaló: “Pero Abel Pacheco no es Villanuevero, él nació en Campo de la Cruz.”
El gobernador, que solía llevarle a Abel el pago de las parrandas hasta el hotel, tras el comentario del Negro Villa optó por enviárselo con uno de sus escoltas. Desde entonces no volvió a saber de él, salvo cuando José Luis estuvo detenido en la cárcel del Bosque, en Barranquilla, y quiso visitarlo. Últimamente, tuvo noticias de él cuando, en medio de esta entrevista, le informé que había fallecido.
Abel conserva como un tesoro el cuaderno que le regaló Adolfo Pacheco, que contiene más de trescientas composiciones suyas. Se lo donó como reconocimiento a que se supiera la mayoría de sus canciones y las interpretara de la mejor manera.
Álvaro Rojano Osorio
Sobre el autor
Álvaro Rojano Osorio
El telégrafo del río
Autor de los libros “Municipio de Pedraza, aproximaciones historicas" (Barranquilla, 2002), “La Tambora viva, música de la depresion momposina” (Barranquilla, 2013), “La música del Bajo Magdalena, subregión río” (Barranquilla, 2017), libro ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el portafolio de estímulos 2017, “El río Magdalena y el Canal del Dique: poblamiento y desarrollo en el Bajo Magdalena” (Santa Marta, 2019), “Bandas de viento, fiestas, porros y orquestas en Bajo Magdalena” (Barranquilla, 2019), “Pedraza: fundación, poblamiento y vida cultural” (Santa Marta, 2021).
Coautor de los libros: “Cuentos de la Bahía dos” (Santa Marta, 2017). “Magdalena, territorio de paz” (Santa Marta 2018). Investigador y escritor del libro “El travestismo en el Caribe colombiano, danzas, disfraces y expresiones religiosas”, puiblicado por la editorial La Iguana Ciega de Barranquilla. Ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el Portafolio de Estímulos 2020 con la obra “Abel Antonio Villa, el padre del acordeón” (Santa Marta, 2021).
Ganador en 2021 del estímulo “Narraciones sobre el río Magdalena”, otorgado por el Ministerio de Cultura.
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Excelente crónica primo Felicitaciones
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