Música y folclor
Las serenatas de Jesús Romero

Una noche, en una animada parranda en casa de Jesús Romero —a la que asistíamos, entre otros, Amaury Badillo, Fredy Colón, “El Cachi”, el anfitrión y yo—, nos llegó la confirmación de la ruptura definitiva del noviazgo que nuestro común amigo Iván Mercado Botero mantenía con una joven profesional de la medicina, relación defendida infructuosamente a punta de puños, bastonazos y dentelladas.
—A ese man hay que ponerle una serenata para echarle sal en la herida… — exclamó Jesús Romero.
—Hay que aplicársela porque él es muy mamador de gallo — complementó “El Cachi”.
—A mí no me parece… — opinó Fredy Colón, pero su voz fue acallada por la mayoría de los concurrentes, que estuvieron de acuerdo en serenatear al agraviado.
Obviamente, la canción escogida fue “La doctora”, de Diomedes Díaz, muy en boga por esos días y que le caía como anillo al dedo a la situación.
Del dicho al hecho nos fuimos a donde Pablo Barrios para que nos acompañara con su conjunto; su única objeción fue que no tenía cantante y que a él le tocaría oficiar de acordeonero y cantante. Jesús Romero, que lideraba el operativo, soltó: —Eso no importa, lo importante es que te sepas “La doctora”…
Así nos plantamos frente al apartamentico donde usualmente pernoctaba Iván y comenzó la unísona serenata…tragos iban y venían y “La doctora” se repetía incesantemente, unas veces en la grabadora y otras alternando con las notas prístinas de Pablito Barrios, quien al cabo de un largo rato tímidamente se atrevió a preguntar:
—Oigan, ¿y por qué no tiramos otra canción…?
Quien contestó cortante fue Romero: —No, señor. Es esa. Es para que le arda… ja, ja.
“Tengo que conseguirme otra doctora porque la que tenía me abandonó…”
El estribillo retumbaba en toda la cuadra y así nos sorprendió la madrugada: entre afónicos y desafinados, y el homenajeado sin dar señales de vida.
Para la mañana siguiente, buscando una cerveza fría para matizar el guayabo, ya era vox pópuli el malestar de la señora Alicia Botero, madre del serenateado. Decidimos buscarlo antes que el asunto pasara a mayores.
Ya instalados en la cantina del Yayi —que entre otras cosas andaba de despecho: estaba de pelea con “la Negra”—, Iván se anticipó a los comentarios y en tono burlesco comentó:
—Juuu… les fue mal. Perdieron su tiempo con esa serenata, porque yo no estaba durmiendo en el apartamentico…
A lo que Amaury Badillo replicó: —Ajá, ¿y si no estabas durmiendo ahí cómo supiste que te pusimos serenata?
—Porque mami me dijo esta mañana cuando fui a desayunar —explicó Iván.
Versión poco creíble: pues el apartamentico donde normalmente pernoctaba quedaba al fondo del patio y daba al otro extremo de la calle, bastante lejos de la casa de sus padres.
Jesús Romero lo indujo al error cuando sutilmente le preguntó:
—Joda, yo creí que te ibas a levantar cuando te pusimos la segunda canción…
Iván, airado y traicionado por el subconsciente, espetó:
—¿Cuál segunda canción? ¡Si ustedes toda la bendita madrugada se emperraron con una hp canción…!
Posdata: En una reciente e improvisada amanecida, haciendo gala de su proverbial hospitalidad, Iván nos sorprendió con una copiosa chicharronada acompañada de bollo limpio de donde Duba y café humeante. Obvio, le dimos las gracias y, como quitándose un peso de años, me confirmó: —Joda, me dieron duro con esa hp serenata…
Enoc Adolfo Guzmán





