Música y folclor

La historia de cómo el Rey Vallenato Navín López empezó a tocar acordeón

Redacción

03/01/2025 - 07:25

 

La historia de cómo el Rey Vallenato Navín López empezó a tocar acordeón
El rey vallenato Navín López / Foto: créditos a su autor

 

La historia de cómo empiezan los grandes músicos a tocar un instrumento siempre es digna de interés. El caso del Rey Vallenato (2002), Navín López, no es ajeno a esta regla.

En palabras del acordeonero samario -residente en La Paz (Cesar)-, su trayectoria musical inició a los 11 años como consecuencia de todas las visitas de músicos que respondían a las invitaciones del padre.

Con la llegada a la casa de un acordeón inicialmente dirigido a la hermana, Navín empezó a interesarse por ese instrumento de aspecto extraño y siempre inaccesible. “Compraron un acordeón de dos teclados que no me dejaban ni ver ni tocar –comentó Navín López y luego añade–: era un tesoro”.      

Desde ese momento, Navín observaba las horas en que llegaba el instructor de música y se impregnaba a distancia de todo su saber. “Fui aprendiendo, fui cogiendo todas las clases que daba”, expresó Navín López.

A continuación el Rey Vallenato dio más indicios de sus hazañas: “Yo le calculaba la hora más o menos de cuándo mi mamá se iba a hacer el mercado, entonces quedaba la mujer que trabajaba en la casa”. Con una sonrisa pícara Navín López confesó algunas travesuras: “Me volaba del colegio e iba a tocar el acordeón”

Unos meses después llegó el día de la gran revelación con una parranda que organizó su padre en casa y a la que había invitado Colacho Mendoza. “Debía ser la presentación estelar de mi hermana como acordeonera”, manifestó el Rey Vallenato sonriendo.

Entonces, Navin se ubicó estratégicamente cerca del acordeón y de las discusiones. Empezaron las preguntas: ¿Y Navín toca el acordeón? El padre se apresuraba siempre en responder: “No, Navín no toca… ¡No tiene ni idea de eso!”.

Así siguió la noche hasta que empezó a tocar la hermana y, poco después, brindaron un espacio a Navín. El muchacho recibió el acordeón con ansias, pero sin decir nada. Y lo demás fue la muestra de lo que vendría más adelante: “Empecé a tocar un merengue que tenía más trajinao´”, expresa con una risa Navín.

El padre y la madre de Navín se miraron las caras. “Ya después me soltaron el acordeón”, sonrió Navín.

 

PanoramaCultural.com.co 

 

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario Autorizo el tratamiento de mis datos según el siguiente Aviso de Privacidad.

Te puede interesar

Yo soy el Negro Guacoche, el hombre de la Puya Loca

Yo soy el Negro Guacoche, el hombre de la Puya Loca

Es un tipo negro y alto. Sus manos evidencian el trajín de una vida excesivamente dura. Quien lo vea de espalda, cuando está...

La fórmula del éxito, según el grupo Kvrass

La fórmula del éxito, según el grupo Kvrass

Gafas oscuras, cadenas ostentosas, gorras y cortes de pelo extravagantes. Siempre bien afeitaditos y, por qué no, camisetas ajustadas...

¿El fin de la música? Apuntes al respecto

¿El fin de la música? Apuntes al respecto

"La buena música no tiene nunca un “público”; no es, ni puede ser para el público; es cosa de elegidos." Ecce homo “Conozco el caso de...

Cantar para resistir a los dolores

Cantar para resistir a los dolores

Acudir al canto y la poesía, a la práctica del arte como un catártico para expulsar los dolores que se aferran al alma y el cuerpo,...

Lirio rojo

Lirio rojo

Para la Barranquera Ofelia Gómez Solano, no era fácil perdonar la ofensa que le hizo aquel negrito que un día cualquiera se presentó a...