Ocio y sociedad

Alí Primera: un encuentro con el Cantor del Pueblo

Alfonso Osorio Simahán

23/02/2026 - 03:15

 

Alí Primera: un encuentro con el Cantor del Pueblo

 

Hay fechas que el calendario no logra borrar, porque no se quedan en el papel, sino en la memoria del oído. Se cumplen 41 años de la partida física de Alí Primera, el falconiano que no sólo cantaba, sino que disparaba verdades con una guitarra al hombro. Al recordarlo, me veo de nuevo allí, como si el tiempo fuera un disco de vinilo que decide saltar a la misma pista de 1978.

Yo era entonces un joven bachiller más, perdido entre los laberintos de concreto de la Universidad Central de Venezuela. Mis manos sostenían papeles de trámites, buscando un cupo en la Escuela de Comunicación Social de la Facultad de Humanidades. Como cualquier estudiante, no buscaba un ídolo, buscaba un futuro.
Después de un almuerzo en el comedor universitario, me dejé arrastrar por la inercia de una multitud que se agolpaba en las puertas del Aula Magna de esa Alma Mater.

Por curiosidad de melómano, me colé en aquel recinto sagrado, custodiado por las "Nubes" de Calder -en memoria de su escultor Alexander Calder-.  No sabía quién era el hombre que adornaba la cartelera. Para mí, Alí Primera era un nombre inexistente… hasta que abrió su recital.

Lo que viví esa tarde fue un bautismo de conciencia. Descubrí, con el asombro de quien encuentra un tesoro en el barro, que él era el autor de "Techos de Cartón". Yo la conocía por la agrupación venezolana "Los Guaraguao", que la habían hecho sonar en toda Colombia a principios de los 70, pero escucharla en la voz de su creador, allí mismo, frente a los estudiantes, era otra cosa. Alí no cantaba desde la técnica, cantaba desde la herida.

"Esta canción no nació de la inspiración romántica", dijo con esa voz profunda. "Nació de ver la miseria en los cerros de Caracas mientras bajaba de esta universidad".

Aquel "conversao" —ese monólogo político que precedía a sus temas— era un dardo contra la represión y una defensa férrea de la autonomía universitaria. Nos pidió que la UCV venciera las sombras no solo con libros, sino con el despertar del pueblo. El recital cerró con un Himno Nacional que no sonó a protocolo, sino a grito de guerra, coreado por gargantas que creían en un cambio.

Los años pasaron y la vida me regaló un segundo encuentro, esta vez más íntimo. Era 1983. Yo acompañaba al compositor sabanero, Julio "Río Crecido" Fontalvo al sello disquero Promus. De pronto, una vieja Jeep Wagoneer se estacionó frente a nosotros. De ella bajó el hombre de la melena rebelde.

Durante media hora, el tiempo se detuvo en una acera del sector Horizonte - Boleíta Norte - Caracas. Alí no nos habló de política panfletaria, sino de música, de su esencia. Nos confesó su amor por el folclor caribeño colombiano; hablaba con una pasión encendida de la grandeza de Los Corralejas de Majagual.

—"Mi canción preferida es 'La Burrita'"— nos dijo con una sonrisa franca.

Fue él mismo quien nos reveló otro secreto musical: "Dispersos", aquella joya que Ana y Jaime popularizaron en Colombia —la del "fusil y el evangelio en las manos de Camilo Torres" — también era de su autoría. Alí era un puente entre nuestras naciones, unido por el mismo hilo de la injusticia y la melodía.

Poco después, lo vi convertido en el abanderado musical de la candidatura de José Vicente Rangel, luchando por un puesto de diputado bajo las siglas de la Liga Socialista y el PCV. Alí estaba en su apogeo humano, denunciando a las emisoras comerciales que lo censuraban por "música de protesta" mientras inundaban el dial con canciones que, según él, "atontaban al pueblo".

Luego, el silencio absoluto. El 16 de febrero de 1985, en plena algarabía de carnavales, un accidente de tránsito en la Autopista Valle-Coche nos arrebató su presencia física.

Hoy, a cuatro décadas de aquel impacto, el audio de su concierto en el Aula Magna sigue siendo un tesoro capturado en el tiempo. No es solo música; es el testamento de un hombre que se negó a ser un producto de consumo para convertirse en la voz de los que no tienen techo.

¡Honor y gloria por siempre, camarada Alí! Tu canción sigue siendo la "casa que vence las sombras".

 

Alfonso Osorio Simahán 

Sobre el autor

Alfonso Osorio Simahán

Alfonso Osorio Simahán

Memorias de Berrequeque

Abogado en ejercicio, profesión que alterna con la de gestor cultural. Folclorista a tiempo completo y compositor de aires autóctonos del Caribe.

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