Ocio y sociedad
Día Internacional del Multilateralismo y la Diplomacia para la Paz: una urgencia ética en tiempos de crisis global

Cada 24 de abril no debería pasar desapercibido. No es una fecha simbólica más en el calendario internacional, sino un llamado urgente a la acción colectiva, a la responsabilidad compartida y a la defensa de la paz.
El Día Internacional del Multilateralismo y la Diplomacia para la Paz, proclamado por la Organización de las Naciones Unidas en 2018 y celebrado por primera vez en 2019, nos recuerda algo esencial: ningún país puede enfrentar por sí solo los desafíos del mundo actual.
Vivimos en una época marcada por crisis interconectadas: conflictos armados, cambio climático, desigualdad extrema, migraciones forzadas y emergencias sanitarias. Frente a este panorama, el multilateralismo no es una idea idealista, sino una necesidad. Se trata de la cooperación entre países —más allá de intereses individuales— basada en principios como la solidaridad, la inclusión y el respeto mutuo. Es, en esencia, una apuesta por la humanidad.
El multilateralismo no consiste únicamente en reunir a varios Estados en una mesa. Es también un compromiso político y ético que implica construir reglas comunes, respetarlas y garantizar que todos los actores —grandes o pequeños— tengan voz y derechos. Es la base del sistema internacional contemporáneo, surgido tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial con la creación de la ONU, cuyo propósito central fue —y sigue siendo— evitar que la barbarie se imponga nuevamente.
Sin embargo, hoy ese sistema enfrenta tensiones profundas. El resurgimiento de posturas nacionalistas, el debilitamiento de organismos internacionales y la falta de voluntad política de algunos gobiernos ponen en riesgo décadas de avances. Defender el multilateralismo es, en este contexto, resistir la fragmentación del mundo, el egoísmo de las potencias y la indiferencia frente al sufrimiento ajeno.
La diplomacia para la paz, otro pilar de esta conmemoración desempeña un papel crucial. No se trata solo de reaccionar cuando estalla un conflicto, sino de prevenirlo. La diplomacia preventiva busca identificar tensiones antes de que escalen, mediar entre las partes y construir soluciones sostenibles. Aunque muchas veces pasa desapercibida, su impacto es profundo: cada conflicto evitado representa vidas salvadas, comunidades protegidas y futuros posibles.
Es importante entender que los conflictos no son fenómenos aislados. Cuando una guerra estalla en cualquier lugar del planeta, sus consecuencias se sienten globalmente: desplazamientos masivos, crisis económicas, inseguridad alimentaria y afectaciones sociales y emocionales. La paz, por tanto, no es un asunto local; es un bien común que debemos proteger de manera conjunta.
El multilateralismo ha demostrado su valor. Gracias a la cooperación internacional se han logrado avances significativos, como la erradicación de enfermedades, acuerdos para el control de armas y la promoción de los derechos humanos. Estos logros no son casualidad, sino el resultado de décadas de diálogo, negociación y compromiso compartido.
Sin embargo, el sistema también necesita transformarse. Debe ser más inclusivo, transparente y representativo. Las voces del Sur Global, de las comunidades indígenas, de la sociedad civil y de las juventudes deben ocupar un lugar central en la toma de decisiones. No puede haber paz duradera sin justicia social, ni cooperación real sin equidad.
En este camino, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible se presenta como una hoja de ruta clave. Sus objetivos nos recuerdan que la paz está profundamente ligada al desarrollo, la igualdad y la protección del planeta. No habrá estabilidad global mientras persistan la pobreza extrema, la exclusión y la degradación ambiental.
Como ciudadanía, no podemos asumir un rol pasivo. Este día es una oportunidad para informarnos, cuestionar, exigir y actuar. Podemos respaldar soluciones pacíficas, apoyar iniciativas de cooperación internacional y exigir a nuestros gobiernos que prioricen el diálogo sobre la confrontación. La paz no se construye únicamente en las altas esferas del poder; también se teje en la vida cotidiana, en nuestras decisiones y en nuestra capacidad de empatía.
Reconocer nuestra interdependencia es clave: lo que ocurre en un país impacta al resto del mundo. La indiferencia también tiene consecuencias, mientras que la cooperación sigue siendo una de las herramientas más poderosas para transformar la realidad.
El 24 de abril no es solo una fecha para recordar, es una invitación a actuar. En un contexto global cada vez más polarizado, defender el diálogo, la cooperación y la paz es una forma de compromiso con el presente y el futuro. Es negarse a aceptar la guerra como destino inevitable y apostar, incluso en tiempos difíciles, por la posibilidad de un mundo distinto.
Porque es posible. Pero solo si lo construimos juntos.
Beatriz Ramírez David
Sobre el autor
Beatriz Ramírez David
Mundo en femenino
Consultora en temas de Mujer y Género, facilitadora social y comunitaria, conferencista, online speaker y escritora. Embajadora de mujeres liderando América Latina y Global Ambassador NERDS RULE INC. Página web: https://beatrizramirezdavid.wordpress.com/
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