Opinión
Lo que callamos las madres: el peso de la soledad y la culpa

Recuerdo la primera vez que me sentí sola como madre. Mi hijo tenía solo unos días de vida y yo estaba sumida en una niebla de cansancio y confusión. Me sentía abrumada por la responsabilidad de cuidar a este pequeño ser humano que dependía de mí para todo.
Pero no sólo me sentía abrumada, también me sentía sola, incluso con la ayuda y apoyo de mis tres cuchas. Aun así, sentía que pasaba por un remolino de emociones densas.
No tenía a nadie con quien hablar, nadie que me entendiera, y menos que comprendiera lo que sería, seguramente lo que me podían decir es, dale, tú puedes, echa para alante , y ¡vaya! ¿Cómo rayos uno echa para delante si aún no sabemos por dónde empezar? . Me sentía como si estuviera naufragando en un mar de emociones y no sabía cómo salir a flote.
Y entonces, comencé a sentir culpa. Me sentía culpable por no ser capaz de sostenerlo económicamente como debía. Me sentía culpable por no ser capaz de ser la madre perfecta. Me sentía culpable por sentirme sola y abrumada.
Pero lo peor de todo era que no podía hablar de esto con nadie. Me sentía como si estuviera viviendo en un secreto, un secreto que nadie más entendía. Me sentía como si estuviera sola en este sentimiento de culpa y soledad.
Y entonces, un día, hablé con un amigo, el cual me invitó a la iglesia en ese entonces evangélica, recuerdo que todo lo que sentía atorado lo saqué, me sentí libre cuando por fin, pude llorar y hacer catarsis.
¡Me quité unos cuantos kilos de emociones oscuras!
Y eso es lo que quiero decirles a todas las madres que se sienten solas y culpables. No están solas. Hay otras madres que se sienten exactamente igual que ustedes. Hay otras madres que entienden lo que están pasando.
Así que, no tengan miedo de hablar. No tengan miedo de compartir sus sentimientos y sus experiencias. Porque, cuando hablamos, cuando compartimos, es cuando podemos empezar a sanar. Es cuando podemos empezar a encontrar la fuerza y el apoyo que necesitamos para ser las madres que queremos ser, sin expectativas, sólo creando lazos de amor con nuestros hijos de escucha y apoyo, sin intentar salvarlos de sus propias experiencias, eso sí, liberarlos del peso de la culpa y de los miedos que como padres tenemos y que no le corresponden a nuestros hijos cargar.
¡Gracias por leerme!
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Angelic Schrieder






