Opinión
¿Qué hacen los políticos?

Estamos a un año de las elecciones presidenciales y los ciudadanos inquietos por entender las intenciones de los políticos nos preguntamos, si aspirar a un cargo público es un negocio o un genuino interés de servir; si de verdad los políticos buscan el bien común o su interés particular. La respuesta a estos interrogantes es fundamental para entender la forma de actuar de nuestros gobernantes y así optimizar nuestra decisión en las urnas el año entrante.
La Escuela de la Elección Pública o Public Choice, pretende ayudarnos en este importante compromiso ciudadano. Esta escuela fue creada por los economistas estadounidenses, James Buchanan premio Nobel de Economía de 1986, y Gordon Tullock profesor de Derecho y Economía. Este enfoque es una línea de investigación de la Ciencia Política, que busca entender sí existe un mecanismo similar a la “mano invisible” del mercado, que guíe las acciones de los políticos y las decisiones de los votantes. Estudia desde el punto de vista de la economía, a la actividad política, y analiza al votante y al político, de la misma forma como la economía lo hace con el consumidor y el productor en el mercado. En este sentido, sostiene que los actores políticos —votantes, políticos, burócratas— no son altruistas, ni persiguen siempre el bien común, sino que responden a incentivos individuales, tal como lo hacen los agentes económicos en los mercados.
La premisa central sobre la que se basa la escuela es que los individuos que participan en la política actúan de manera racional y persiguen sus intereses personales. Esta visión contrasta con la imagen idealizada de la democracia como un sistema en el que las decisiones colectivas reflejan la voluntad general y están guiadas por el interés público.
Para los teóricos de le elección pública (Public Choice), la política no se diferencia esencialmente del mercado: es otro ámbito donde los individuos maximizan su utilidad. Si bien es cierto que existen políticos benevolentes, altruistas y desinteresados, para esta visión del mundo, la regla general, es que buscan su propio bienestar. Esto no significa que sean perversos, sino que reaccionan a una estructura de incentivos como todos los demás individuos.
Este marco conceptual no es una crítica a la democracia en sí, sino una advertencia sobre cómo los incentivos individuales pueden distorsionar el proceso democrático. Uno de los riesgos identificados, es la captura del Estado por grupos de interés, que presionan por beneficios particulares —subsidios, exenciones fiscales, regulaciones favorables— a costa del interés general. Esta dinámica puede derivar en lo que se conoce como "rent-seeking": o búsqueda de rentas, vale decir, el uso de recursos para obtener beneficios políticos en lugar de crear valor económico. Cualquier parecido con nuestra realidad actual es pura coincidencia.
Lograr responsabilizar y comprometer a los políticos de sus acciones, es una de las tareas principales de la Escuela de la Elección Pública, y sugiere partir de buenas instituciones, es decir, reglas de juego, pautas de conducta, que faciliten una efectiva rendición de cuentas y una activa veeduría ciudadana, que reduzca ese “comportamiento” y lleven a los políticos a actuar y pensar más en la comunidad que en sus propios intereses.
Al desenmascarar las motivaciones personales detrás de las decisiones públicas, esta escuela invita a pensar en mecanismos institucionales que ordenen mejor los intereses privados con el bienestar colectivo. Aunque no proporciona soluciones definitivas, la escuela del Public Choice, sí plantea preguntas fundamentales sobre cómo diseñar democracias más transparentes, responsables y eficientes y, en el caso colombiano, como tomar mejores decisiones con vistas a las elecciones presidenciales y congreso, del próximo año en nuestro país.
Julio Franco Orozco
@Jafrancoz1






