Opinión
El Gabo no era de Sincé

Después de leer con proverbial devoción las memorias de Gabriel García Márquez “Vivir para contarla”, donde narra su vida con fervor y detalle, he resuelto escribir estas páginas dejándome llevar por la intensión vocacional de reivindicar verdaderamente la imagen de Sincé en la “gabología nacional”.
Gabriel García Márquez nació en Aracataca Magdalena el 6 de marzo de 1927, como así lo atestigua su acta de nacimiento en el folio 126, pero la relación gabo-Sincé se entrelaza desde un nudo poco valorado que toma como referencia un aparte impropio para desglosar un mito tan fuerte que se ha convertido en parte de su leyenda.
Resulta que Sincé es importante en la vida del cataquero porque figura como lugar de nacimiento en las actas de su padre Gabriel Eligio García Mártinez (1902-1984) de su abuelo Gabriel Mártinez Garrido (1868-1953) y de su abuela Argemira García Paternina (1885-1950) a parte de sus demás parientes cercanos y lejanos miembros de esta estirpe. Pero existe un agravante que ha sido la espada de Damocles en la historia de Sincé. El entonces niño “gabo” llega al pueblo el 23 de diciembre de 1936, con 9 años recién cumplidos, en compañía de su padre y de su hermano Luis Enrique. Así lo narra el nobel en su autobiografía en las páginas 119,120 y 121, donde cuenta que la estadía en su tierra paterna (que no duraría sino hasta octubre de 1937, diez meses) la sintió como una epifanía que le enseñó un mundo distinto al que había vivido en Aracataca junto al coronel Nicolás Márquez.
El escritor Eddie Daniels García, en su libro “Gabo anecdotario: cien historias inéditas de Gabriel García Márquez” narra, entre otras, varias anécdotas singulares que relacionan al nobel con la villa de san Luis. Dice Daniels García que en una ocasión un periodista abordó al escritor en Bogotá y, luego de hacerle varias preguntas, rubricó la entrevista preguntando: “escritor, ¿es cierto que usted nació en Sincé, un pueblo de Sucre?”. García Márquez, asombrado y entrecerrando los ojos respondió: “Sincé… no me suena, no me suena, no sé dónde queda ese pueblo”.
En incontables ocasiones el escritor más importante de habla hispana desconoció sus raíces sinceanas y en otras pocas hace referencia de estas con evidente sorna y desapego. No tenía por qué tener cercanías, su relación con Sincé fue puramente nominal y carecía de motivos que lo anclaran a la patria de Mejía.
Del mismo anecdotario rescatamos la ocasión en que le preguntaron al nobel “escritor ¿es cierto que su papá era de Sincé? A lo que gabo no dudó en responder “yo lo único que sé es que soy hijo del telegrafista de Aracataca”. Dentro de las evasivas de Gabo al nombrar a Sincé debemos rescatar que en varias ocasiones en reuniones privadas con sus primos sinceanos, dejaba ver que no desconocía sus orígenes paternos y dedicó una línea a testimoniar su paso por las aulas del gran maestro Luis Gabriel Mesa.
De lo que debemos sentirnos orgullosos los propios del pueblo, entre otras cosas, es de la estirpe “garriana” y “garciana” del nobel y no menos de que permanece erigida en la mejor esquina del pueblo la casa del “balcón corrido sobre la plaza por cuyos dormitorios desolados cantaba toda la noche el fantasma invisible de un alcaraván” sitio turístico y honor de los nativos que buscan algún indicio de la infancia del nobel.
A Gabriel García Márquez es muy difícil adjudicarle lugar de crianza dadas sus condiciones de hombre nómada que se regó por la vasta región del Caribe, de lo que Sincé debe hacer alarde es del ingenio, la jovialidad y las historias que su padre le heredó y que fueron tras poladas a los pasajes untados de Sincé que aparecen en sus obras más vendidas.
Hernán de la Ossa






