Opinión
Hombres dormidos con almas rotas

Veo hombres dormidos con almas rotas.
Veo hombres intentando llenar sus vacíos con drogas, alcohol o sexo.
Veo hombres haciéndose los fuertes, mientras por dentro sienten que ya no pueden más.
Y me pregunto:
¿Acaso no son humanos también?
¿Acaso no sienten?
A muchos de ellos les enseñaron que debían ser “el macho”, el proveedor, el hombre inquebrantable de la casa. Les programaron la idea de que la sensibilidad es debilidad. Que llorar es vergonzoso. Que pedir ayuda es fracasar.
Al hombre sensible lo tildan de “débil”.
Al hombre que expresa dolor lo silencian.
Al hombre que se quiebra lo juzgan.
Y ese absurdo cultural tiene consecuencias profundas.
Hoy las cifras de suicidio muestran una realidad dolorosa: muchos hombres están profundamente deprimidos, pero no saben —o no se permiten— pedir ayuda. Porque hacerlo los hace sentir menos hombres. Porque temen el juicio. Porque crecieron creyendo que callar era sinónimo de fortaleza.
Y no.
Callar no es fortaleza.
Aguantarlo todo no es valentía.
Valentía es mirarse por dentro.
Valentía es decir “no puedo más”.
Valentía es romper patrones que vienen de generaciones.
También veo hombres que permanecen en matrimonios insostenibles por costumbre, por lealtades familiares, por dependencia emocional o económica, o “por los hijos”. Hombres que postergan su bienestar por miedo a la incertidumbre. Hombres que se resignan a vivir una vida que no desean.
Y lo siento, pero aunque dé miedo, necesitamos tomar decisiones antes de llegar a los 80 años preguntándonos por qué nunca nos elegimos.
Sí, da miedo.
La zona de confort.
El apego.
El dinero.
La soledad.
Lo desconocido.
Pero siempre valdrá la pena hacerlo por ti.
Siempre valdrá la pena elegirte.
Siempre valdrá la pena convertirte en tu mayor prioridad.
Hoy miro a los hombres con amor. Porque también veo a aquellos que están despertando. Hombres con iniciativa para expresar sus emociones. Hombres que buscan terapia. Hombres que se permiten llorar. Hombres que están criando diferente. Hombres que quieren construir relaciones más sanas y reales.
A ustedes les digo: no están solos.
Griten si es necesario.
Hablen.
Pidan ayuda.
Rompan el silencio.
La sensibilidad no les quita hombría.
Les devuelve humanidad.
Muy especialmente abrazo a mi hijo. Al gran JD.
Gracias por leerme
Con amor,
Angelic Schrieder






