Opinión
Lo que pesa un General

En una democracia verdadera un General debe tener los mismos derechos que un ciudadano del común, pero en esta democracia imperfecta que tenemos en Colombia un General tiene un valor diferente. Es que la devaluación que la élite le ha impuesto al ciudadano de a pie, ha ocasionado que estos vayan al alza y que el devaluado ciudadano común toque fondo y su peso pierda valor vertiginosamente.
Cuántos muertos ha hecho la guerrilla sin que se detenga proceso alguno. Sin ir muy lejos, en días pasados un grupo de guerrilleros de la Farc asesinaron a dos indígenas en el Cauca y si no es por la valerosa acción de la Guardia indígena que los apresó, y luego de un juicio sumarísimo, la autoridad indígena, aplicando con celeridad su justicia tradicional, condenó a los responsables a sesenta y cuarenta años de cárcel y a los cómplices a un castigo de fuete, de no ser por la guardia indígena es posible que todavía estuvieran libres y delinquiendo.
Esta semana que pasó, secuestraron a dos soldados de la patria y no ha pasado nada, y es que no pasa nada porque así son las reglas de juego, negociar sin suspender las acciones ofensivas de los dos bandos. Cunado se negocia la paz echando bala puede ocurrir muertes de los combatientes, retenciones de los que combaten, en fin se puede dar como en efecto se está dando en Colombia, atentados, emboscadas, ataques a la infraestructura y, lastimosamente, muerte a civiles (lo que los entendidos llaman efectos colaterales de la guerra).
En este proceso de idiotización colectiva en que tratan de encasillarnos los medios de comunicación, se magnifican algunos hechos y se minimizan otros, y lo que menos importa para ellos es el sufrimiento que viven millones de personas que inermes soportan el peso de la guerra y sus consecuencias. Me imagino la enorme presión que sufre el presidente Santos con la insana crítica del Centro Democrático que expele odio y resentimiento por el accionar de las guerrillas, mientras que exalta con fervor de epopeya homérica y las acciones de quienes apartándose de las leyes comenten desmanes en nombre de la democracia, olvidando que en el gobierno de Uribe “en 14 meses de negociaciones, los grupos paramilitares habían cometido nada menos que 362 asesinatos, 16 masacres y 180 secuestros” (Nicolas Rudas en La Silla Vacía, Nov 19 de 2014)
Sin lugar a ninguna duda, el secuestro del General fue y sigue siendo un error garrafal de parte de la guerrilla, que sin tino político ha puesto en el reverbero al proceso de paz y le ha dado una ocasión de oro a los traficantes de muertes y enemigos de la paz, para que como ciertos canes de presa aúllen enardecidos ante el olor de la sangre y de la pólvora, pidiendo la terminación de esta esperanza legitima de vivir en paz que tanto anhela el pueblo colombiano.
Tampoco hay dudas de que el General Alzate se comportó peor que un recluta recién incorporado a las filas del ejército, brindando su cabeza en bandeja de plata para que la guerrilla lo secuestrara. Este episodio del General me recuerda la época de maestro en la básica primaria, dónde una maestra que guardaba en una caja de cartón los rompecabezas con que enseñaba a sus alumnos, perdía casi que dos horas diarias tratando de organizarlos antes de dárselos a los niños y estresada llamaba a los alumnos de quinto para que la ayudaran, hasta que una compañera le dijo: “Guárdalos por separado en bolsas diferentes y luego los metes en la caja, pues así te vas a volver loca tratando de armar un rompecabezas con piezas de otros rompecabezas”.
Así está el pueblo colombiano tratando de armar un rompecabezas con piezas revueltas de otros rompecabezas. En lo del General, muchas piezas no encajan o son de otros juegos, pues Uribe sostiene de primero una tesis, luego el ministro de defensa con algunas variaciones mínimas (por pena) da su propia versión, más adelante los pobladores de Las Mercedes dan otra y cada día salen más y más versiones, mientras que igual al caso de la maestra del cuento, los uribistas por un lado, y los amigos de la paz por otro, tratan de formular una hipótesis creíble de esta historia increíble del General que de civil, sin escoltas y desarmado se mete a la cueva del lobo y pone en peligro el proceso de paz.
Lo que en sana lógica debe suceder es que la guerrilla libere no solo al General sino a todos los secuestrados que tengan en su poder y que decrete un cese de hostilidades (reservándose el derecho a defenderse), para que las negociaciones de paz fluyan con buen viento y buena mar y puedan llegar al puerto anhelado de la paz. De otro lado que no se sigan inventando historietas de ficción con los elementos de esta cruda y sanguinaria guerra que tantos muertos, sangre y dolor le ha costado al pueblo colombiano.
NOTA: Algunos dicen que el General podía ir donde quisiera, pues Colombia es un país libre. Eso es cierto y tienen razón, pero que visiten la zona del boliche en Valledupar un sábado a las dos de la madrugada y después me dicen cómo les fue en esa pequeña fracción de Colombia.
Diógenes Armando Pino Ávila






