Opinión
Y hablando de mujeres

“Cualquier mujer que entienda los problemas de llevar una casa está muy cerca de entender los de llevar un país”. M. Thatcher.
En épocas distintas, con diferentes nacionalidades y pertenencias culturales, una marcada disimilitud de ideas y maneras de ver el mundo en sí, la mujer ha favorecido a la humanidad con sus aportes ideológicos, reflexiones y desempeños que han influido en cierto modo en el manejo conductual de la sociedad y ahora más en el ejercicio político de muchas naciones entre las que se cuenta Colombia.
Es innegable que han brillado por si mismas en diferentes áreas, legando a la historia las consecuencias de su participación y hoy en día continúan en ese proceso activo y participativo en lo social, económico y político de cada comunidad.
A Colombia llegó el voto femenino veinte años después que en el resto de América Latina, su presencia en el escenario nacional desde las luchas de independencia ha estado opacada por los procesos de industrialización y urbanización del Estado, enlutada víctima del conflicto armado y rival en desventaja con la sociedad patriarcal, donde algunos hombres han tenido a la actividad política como profesión y principal quehacer de la vida, mientras que las mujeres, como lideresas comunitarias, tienen que enfrentar su aspiración como una actividad accesoria a su profesión, labor domestica o trabajo social.
La reforma política del 2011 consagró el principio de igualdad de género en la participación de las actividades políticas y el acceso a los debates electorales mediante la ley estatutaria 1475 o ley de cuotas, reglamento que se ha venido aplicando en los últimos procesos, pero que no aseguran finalmente que la mujer intervenga en la construcción democrática, esto ya es la consecuencia de esa labor denodada y profesional de ellas en el convencimiento a la ciudadanía y a su mismo género de la importancia que sus ideas y acciones tienen sobre los efectos reales consecuentes del apoyo popular.
La participación de la mujer en la población mundial es prácticamente la mitad, razón suficiente para ser escuchada en el proceso democrático, que necesita a las mujeres para preservar su autenticidad y acentúe la resolución aprobada por la Asamblea General en 2011, sobre la participación política de las mujeres (A/RES/66/130), que reafirma « la participación activa de la mujer, en pie de igualdad con el hombre, en todos los niveles de la adopción de decisiones, es indispensable para el logro de la igualdad, el desarrollo sostenible, la paz y la democracia».
El escenario político será adornado con la presencia de mujeres en abierta competencia ideológica con viejos lobos dirigentes religados al poder, a quienes solo superan si hacen la escuela formativa que da la interacción social y participativa de la actividad pública, saliéndose del esquema de mujeres utilizadas como relleno o cumplimiento de cuotas legales, capaces de superar la realidad actual e ir más allá del formalismo, para tener realmente la oportunidad de ser elegidas, una vez superados los obstáculos de arraigo cultural, de financiación, liderazgo social y su propio escepticismo.
Como no desearles éxito, si su condición procreadora, doméstica, de belleza, ejecutiva transciende cualquier ocupación, que obliga a los hombres a seguir el camino de adorarlas.
Para muchos potenciales electores es importante que la condición de mujer; vanidosa, complaciente, conciliadora no se pierda ante actuación tan macha que deben hacer en el ejercicio de su participación política y las parejas entiendan que ahora cuando dicen de los hombres: que están “mujereando”, es que están realizando la noble labor política de apoyar candidaturas femeninas. ¡Feliz navidad!
Alfonso Suárez
@SuarezAlfonso






