Opinión
El bravo pueblo

“Ha triunfado la Constitución y la democracia”, dijo Nicolás Maduro cuando pareció aceptar el triunfo de la oposición en las recientes elecciones parlamentarias de Venezuela.
Con un total de 112 escaños obtenidos por la MUD, incluidos tres indígenas contra 55 del oficialismo, por primera vez, después de 16 años de chavismo, se enciende una luz. La inesperada actitud del Ministro de la Defensa Vladimir Padrino, quien llamó a respetar los resultados electorales, y la aplastante mayoría de votos opositores, fueron factores determinantes en un momento en que los jerarcas del PSUV se jugaron no solo el poder sino la tranquilidad.
Jesús Torrealba, el bravo Chucho Torrealba, secretario general de la coalición opositora, opina que comenzó el cambio en Venezuela. Se avecinan tiempos de tormenta. Aumentará seguramente la coerción gubernamental. Ellos saben que al perder la mayoría en el cuerpo legislativo más influyente del país, aunque conserven la presidencia de la República y el control de los poderes del Estado, la situación del PSUV no será la misma.
La oposición se enfrenta a un panorama oscuro. En Venezuela no existen las coordenadas que –a veces de manera implícita- rigen la vida de todo país que aspire a crecer de manera civilizada. Una horda obnubilada por lo más primitivo del animal humano, las volvió añicos.
Ni Maduro ni sus alfiles aceptan la responsabilidad que les compete en tan descomunal fracaso. No entienden que llegó el momento de abrir paso a la autocrítica, entendiendo que nada requiere tanta sensatez como el manejo ético del poder. Es tal la prepotencia que el difunto Hugo Chávez y sus sucesores esgrimieron, que olvidaron el lodo de que estamos hechos. Barrios populares, otrora baluartes del chavismo como el 23 de enero, Catia y hasta Carapita y Petare, dieron el voto a la oposición.
Si el gobierno conserva un átomo de cordura, habrá comprendido que el pueblo, en cuyo nombre depredó la dignidad nacional, le volvió la espalda. El único legado saludable que deja el desaparecido comandante, es el sentido de pertenencia adquirido por el pueblo durante su mandato, el cual, bien administrado, será bastión complementario de identidad.
Venezuela dio al mundo una lección impecable de madurez y democracia. Con solo el voto ejercido en lucha desigual contra adversarios atípicos y poderosos, se pronunció. Ni siquiera las amenazas de exterminio físico y laboral realizadas por quienes deberían hacer honor a la dignidad que dicen portar, fueron suficientes para amedrentarlos. Una vez más el bravo pueblo responde y se prepara a reescribir su historia.
Gloria Cepeda Vargas






