Opinión

Vainas raras

Juan Marcelo Rodriguez Jimenez

11/04/2017 - 06:50

 

Cuatro personas en una moto, una de esas vainas raras que se ven en la costa

 

No sé qué es lo que pasa en Colombia, pero últimamente he visto vainas muy raras. Toda buena historia se narra desde una experiencia pura, una que lleve al espectador a reflexionar más allá de la simple lógica.

Siempre que miro a la ventanilla de un bus colectivo se me vienen a la mente ideas poderosas, extrañas quizá. Así pues, es una manera de inspirarse. Creo que es el hecho de mirar tantas cosas al tiempo; eso, definitivamente, eleva la imaginación: Es la forma en la que he visto cosas absurdamente graciosas.

Era una mañana lluviosa. De camino a la Universidad, el frío bogotano adormecía. Llegué a cabecear un par de veces, y retomé la normalidad con una imagen un poco curiosa. Se veía muy gracioso, pero mi sensatez me decía que no me riera.  Aun así, me reía y lloraba (muy en el fondo) por aquella singular situación. Un indigente atravesaba la avenida. Despreocupado, no miró el bus y salió corriendo como un demente. Llevaba abundante barba de unos cuantos años, y tenía el cabello extremadamente largo. A manera de sombrero, llevaba la cabeza de un tigre de peluche puesta cual si fuera un actor de Hollywood de los años 40.

Me causó gracia, no lo niego. Pero me dio más risa aun cuando, en la misma ruta de ese bus, vi a un muchacho, algo joven, usando un puñal como teléfono. Hablaba y se reía a carcajadas cual si estuviera hablando con la mujer que ama, o con su madre, quizá un viejo amigo. Fue gracioso, y también triste saber que esa es la realidad de –dejémonos de eufemismos- la drogadicción, la miseria humana y la prostitución anímica. Todos somos unas putas. ¡Todos somos maricas, cuando hacemos maricadas! Así dice mi tío. Yo le creo, en Colombia pasan esas cosas extrañas porque estamos drogados con el poder, carecemos de espíritu y somos las putas del paseo. Lo peor es que cobramos barato, y me disculparán si uso este difícil oficio para hacer alegoría a una situación deplorable de nuestro país. Es que uno ve vainas rarísimas, les cuento. Son cosas que parecen sacadas de ficción.

En esos momentos es donde pienso, fielmente, que aquí la ficción supera la realidad. Que si miramos la reciente historia de nuestro país, nos daríamos cuenta de que estaría perfecta para una película de acción, una de drama, de comedia y, si lo miramos con otros ojos, una porno. En donde nos coge la desigualdad, nos la chupa el arribismo, nos excita el fanatismo y nos revuelca entre sábanas el desconocimiento de nuestra realidad. Parafraseando a William Ospina, Colombia nunca ha tenido ojos para mirarse completa, veneramos dogmáticamente otra cultura y descuidamos lo propio. Es ahí donde uno se da cuenta que García Márquez no es un genio, sólo tomó como referencias las cosas que veía: Zoofilia, Incesto, Masacres (la de las bananeras), atraso tecnológico, etc. No es mundo surreal, tampoco es producto de la imaginación. Somos un cuento. Una perfecta obra de Gabo, un cuadro de Obregón: incomprensible, dinámico, expresivo.

Una de las últimas cosas raras que he visto, fue un video de un caballo descontrolado. Sin rumbo andaba loco por las calles de Valledupar; al galope, parecía un caballo de apuestas con delirios urbanos. No lo podían controlar, era imparable. Chocó con un semáforo y casi atropella a un viejito. Eso es más extraño. Y ni hablarles de cuando estaba esperando el bus cerca de mi universidad y un extranjero, drogado, reclamaba los servicios de prostitución a una muchacha que estaba siendo obligada por una proxeneta; o cuando hablé con un holandés y le pregunté sus razones de visita a Colombia: “I only want to get high” fue su respuesta. Por eso existen novelas con temas de narcotráfico y un fetiche por Colombia debido a su producción –ilegal- de drogas.

Y para culminar, tengo que hablar de la cosa más descabezada que he visto últimamente. No se compara con esos comportamientos peculiares que mencioné: No tiene precedentes. Es insólito, undívago, inextricable, como lo quieran llamar. Es cipote vaina rara, contradictoria e insensata. Quienes la promovieron rayan la locura que nos caracteriza. No tengo idea de dónde salió, ni con qué fin lo hizo, pero ver una marcha anticorrupción dirigida por señalados corruptos es muy diciente. Y para colmo: en menos de una semana salen declaraciones que involucran directamente a este señor con corrupción. Por eso les digo que me crean, no estoy loco.  ¡No es chiste, en realidad uno ve vainas muy raras!

 

Juan Marcelo Rodriguez Jimenez

@jjmarchelo12

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