Opinión
La bacana

En El Paso Del Adelantado, vivió una mujer de curvilíneo cuerpo, de tetas grandes, redondas y picos pronunciados, de nalgas moldeadas, como hechas por el mejor escultor, sostenidas por unas piernas largas semejantes a patas de muebles labradas por un sobresaliente ebanista.
No sé de dónde llegó, lo cierto fue que, desde su llegada, las mujeres andaban preocupadas por la fidelidad de sus maridos y los hombres, al verla pasar, su adrenalina cambiaba al instante.
En poco tiempo, hizo fama, tanto por su belleza como por su forma de amar. Fueron aquellos los tiempos de la goma del bálsamo, que mucho dinero generó en la población, casi igual o semejante al de la fiebre del banano. Las ventas eran semanales, pagaban bien y el esfuerzo era poco, sólo había que herir al árbol en su tronco en forma de V, colocarle unas cocas de totumo y después recoger el llanto del árbol por la herida causada.
Míster Billy Neumann era el comprador mayorista, su camión Power entraba al pueblo con un pito estrepitoso semejante al bramido de un toro. Ese día, la plata corría a pilas, y los vendedores, al recibir su dinero, se iban de juerga, tomaban a raudal y terminaban su monserga entre las piernas de una descendiente de los mandingos traídos por Don Juan bautista de Mier y la Torre a su hacienda Santa bárbara De las cabezas.
Fue para esa época del bálsamo cuando esta mujer hermosa se presentó en el lugar. Era apetecida por todos los balsameros y todos después contaron su forma característica de amar. Inmediatamente después de satisfacer a su cliente, se sentaba desnuda en el borde de la cama, se miraba su parte íntima y le devolvía la mirada a su acompañante diciéndole: bacana verdad.
Arnoldo Orlando Mestre Arzuaga





