Opinión
El carnaval de pasquines

Toda cultura tiene sus malas costumbres y una de ellas es hablar de la vida ajena sin poner límites en el respeto por la dignidad de los demás, como dice la canción de Carlos Vives (Malas lenguas):
“De esas costumbres que hay en mi tierra
pensaba yo de las malas lenguas
las que se esconden en la maleza
y se van metiendo en la vida ajena
no se preguntan no saben nada
de lo que pasa en tu corazón
Y son los dueños de la palabra
y dicen tener siempre la razón”
Los pasquines se remontan a muchos años de historia, pero no pueden ser aceptados porque no se trata de un chiste, un juego o algo a lo que no se le debe prestar atención. Es un asunto muy delicado. Algunos hacen referencia a temas políticos o generales, pero hay un estilo de pasquines dedicado a las mujeres y redactados desde la violencia machista, que considera que su integridad, intimidad y derechos no valen y que pueden atentar contra su estabilidad, hablan de su sexualidad, su honestidad, las tildan de putas, promiscuas y toda “suciedad” considerada desde la falsa moral, que solo busca dañarlas.
De esto hay que hablar. No podemos quedarnos indiferentes porque no somos mencionadas en unos documentos perversos y para nada éticos. Esconderse detrás de un papel y llevando eso a gran escala de difusión por medio de las redes sociales, es un problema de grandes proporciones que debe ser erradicado y para nada normalizado bajo la consigna de que son “costumbres de nuestra tierra”. No puede volverse paisaje que se dañe a las personas, el chisme violentador y en especial las violencias contra las mujeres, porque lo femenino parece ser la trinchera de los impulsos patriarcales de la humanidad.
En la Guajira y en nuestro caribe inmenso, vivimos al máximo las pasiones, el poder de la palabra, la entrega, las emociones en general, pero estas deben ser un fuego “abrasador” y no un incendio que quema todo lo que encuentra por delante. Es fundamental equilibrar nuestros impulsos, ser conscientes de ellos, gestionarlos de manera sana y hacer catarsis por medio del arte, el deporte o cualquier herramienta sanadora que no nos dañe, ni dañe a terceros. Hay que activar la Responsabilidad afectiva y saber que cada acto afecta a un contexto.
Las últimas semanas han sido empañadas por la aparición de pasquines que atentan contra muchas personas y de manera muy dañina contra las mujeres y su intimidad, es hora de que se entienda que las libertades, la vida privada y los cuerpos de las mujeres no son propiedad de nadie, hay que respetarlas y renunciar a la fatal violencia machista de una vez por todas.
El carnaval de pasquines ha sido y será un perverso desfile de impulsos fanáticos, que jamás entregará alegrías, bienestar o aporte social, sino que incrementará conflictos que van de lo micro a lo macro y que nos afecta a todos y todas.
Al final de cuentas, nadie es lo que los demás piensan o dicen de él o ella, sino lo que construye con esfuerzo en su proyecto de vida. Que los pasquines desaparezcan y la mala costumbre de considerarse dueños de la vida de los demás, es momento de evolucionar desde el ser hacia el hacer.
Fabrina Acosta Contreras
@Facostac






