Pensamiento

Jorge Tadeo Lozano: Ciencia Ilustrada y los inicios del proceso de Independencia

María José Afanador Llach

06/07/2021 - 04:50

 

Jorge Tadeo Lozano: Ciencia Ilustrada y los inicios del proceso de Independencia
Jorge Tadeo Lozano / Foto: historia-biografía.com

Los criollos ilustrados, entre los cuales está Lozano, se constituyen como grupo cultural al asumir el proyecto ilustrado en el Nuevo Reino de Granada; esto supuso la construcción de nuevas formas de representación imaginaria (Renán Silva habla de representación imaginaria construida por los ilustrados), donde se aceptan ciertos ideales de progreso y felicidad. Se entiende la Ilustración como un proceso que más allá de ser un movimiento de ideas implicó el desarrollo de prácticas de apropiación del mundo natural y del mundo de lo social, prácticas que deben ser estudiadas en detalle. Viajar por Europa le permitió a Lozano construir una biblioteca notable y tener mayor contacto con el pensamiento ilustrado. Según una lista de sus libros realizada en 1816, año de su muerte, de un total de 119 libros, 60 corresponden a historia natural. Dentro de éstos libros se encuentran: “más de 15 tomos de Linneo, 10 tomos de Fourcroy, obras de Buffon, Tournefort, Cuvier, Jussieu, etc.; pero hay que decir también que, como lo muestra el inventario completo, se trata de un dominio él mismo especializado en un ramo: aquel de la zoología […]”.

Para 1783, José Celestino Mutis había iniciado la organización de la Real Expedición Botánica en la Nueva Granada que tenía como objetivo “No solo la colección, descripción, clasificación, nomenclatura y dibujo de las plantas, sino también de los productos de los otros reinos, animal y mineral y además hacer observaciones astronómicas y geográficas”. El proyecto zoológico fue asignado oficialmente por ‘Real Orden’ a Jorge Tadeo Lozano en el año de 1803. En la tarea de llevar a cabo esta nueva empresa, dada su posición social y económica, cabe destacar que éste contaba con numerosas haciendas en diferentes climas, lo cual le permitió reunir una cierta colección de animales para iniciar su trabajo que consistía en la colección, dibujo, descripción y clasificación, costumbres, duración y propiedades de la fauna del Virreinato. En cuanto a los desarrollos científicos en la Nueva Granada la zoología recibió un impulso tardío en comparación con la botánica, que para finales del siglo XVIII se encontraba más desarrollada por ser esencial para la industria farmacéutica, entre otras cosas.

La prosperidad que buscaba la Corona dependía de la ciencia, particularmente de la historia natural. La Corona española basó sus políticas en la creencia de que la “adquisición y aplicación de conocimientos científicos incrementaría su poder político y económico”. De esta forma se inició la formación de una cultura científica en América entendida como un contexto local, alejado geográficamente de Europa, donde se empezó a dar una producción de conocimientos adaptados a los problemas que había que resolver en la Colonia, como la baja productividad agrícola, el pobre conocimiento del territorio, problemas de salud e higiene, etc. De aquí surgieron una serie de preocupaciones por parte de los criollos ilustrados en relación con el futuro de la Nueva Granada.

Dentro de este contexto, en 1801, Lozano fundó junto con su primo José Luis de Azuola el “Correo curioso, erudito, económico y mercantil de la ciudad de Santa Fe de Bogotá”, un periódico independiente16. En él Lozano publicó un artículo titulado: “Sobre lo útil que sería el establecimiento de una sociedad económica de amigos del país”. Ese mismo año, se fundó en Santa Fe la Sociedad Patriótica del Nuevo Reino de Granada, lo que muestra la injerencia de los criollos sobre la política colonial en el tema de impulsar la economía de las colonias. La recurrencia en los periódicos de la Nueva Granada de los temas tales como la geografía, los recursos naturales, la economía, el comercio, la agricultura y la industria, muestran cómo la ciencia se fue integrando y asimilando para responder a las condiciones locales. La actividad científica al empezar a ser ejercida no sólo por viajeros y exploradores europeos, sino también por un grupo de científicos nacidos en América, estuvo al servicio de la Corona para la mejor explotación de los recursos y, además, orientada al “bien común” y a los intereses socioeconómicos de este grupo.

En 1808 se inició en Santa Fe, bajo la dirección de Francisco José de Caldas, la publicación del Semanario del Nuevo Reino de Granada. El periódico se ocupó de temas como la geografía, el clima, la astronomía, la agricultura, la minería, la educación, el comercio y la zoología. Lozano colaboró con el Semanario con las siguientes obras: Memoria sobre las serpientes y plan de observaciones para aclarar la historia natural de las que habitan en el Nuevo Reino de Granada, y para cerciorarse de los verdaderos remedios capaces de favorecer a los que han sido mordidos por las venenosas; Fragmento de una obra titulada: Fauna cundinamarquesa, o descripción de los animales del Nuevo Reyno de Granada, específicamente el aparte dedicado a El Hombre (Homo Linn); la traducción de la Geografía de las plantas de Humboldt, y por último la Idea de un instrumento llamado chromapicilo que manifiesta la degradación de los colores.

A través de un recorrido por la obra de Lozano, parte de la cual está contenida en el Semanario del Nuevo Reino de Granada, específicamente la parte dedica a “El Hombre, Homo Linn” y otra contenida en sus manuscritos científicos de zoología, se mostrará cómo entre los criollos ilustrados se fue produciendo un espacio propio de saber a través del cual los personajes como Lozano, definieron su lugar y su función en la sociedad, buscando diferenciarse. Es en este proceso de apropiación y evolución del campo del saber, que simultáneamente se construye de manera colectiva una nueva identidad cultural. Para el caso particular de Lozano se hizo evidente en su obra la función del trabajo científico criollo para los objetivos de progreso y felicidad, así como la búsqueda constante que él mantuvo para lograr ser reconocido por su trabajo.

El proyecto zoológico de Lozano y la defensa de la naturaleza americana

La obra zoológica de Lozano se basó en la elaboración de láminas que representaron a los animales y que se convirtieron en objeto científico de estudio, con la posibilidad de movilizarse y de formar parte de gabinetes y colecciones de historia natural. Gran parte de las láminas que contienen a los animales y a las diferentes razas fueron pintadas antes del escrito de Lozano24. Los pintores “Rizo y Matis copiaban al óleo las plantas y los animales que todos tres [Mutis, Caldas y Lozano] traían al depósito común, receptáculo universal de las ciencias, en el cual nada faltaba por coleccionar, porque poseían muestras rarísimas en abundancia”.

Jorge Tadeo Lozano inició la escritura de La Fauna Cundinamarquesa el 26 de diciembre de 1806, siendo su objetivo principal presentar una colección de láminas de los animales de la antigua Cundinamarca. Sin embargo, el manuscrito original está incompleto y las láminas de la fauna no se encuentran en él, aunque es posible que estén en archivos españoles. Los animales que se describen en la obra, empezando por El hombre, son la cotorra pechiblanca, la falena, un caracol múrice y el runcho. En su relato científico el autor presentó y describió cuidadosamente la fauna del Nuevo Mundo. Su trabajo consistió en la identificación, descripción y clasificación de cada especie, porque consideró que los cronistas de la Conquista y la Colonia habían hecho relatos que carecían de juicio, llegando incluso a ser fantasiosos:

Es verdad que los historiadores de estas provincias, tales como Oviedo, Acosta, Zamora, Piedrahita, Gumilla, etc, han dado en sus respectivas obras algunas noticias concernientes al reyno animal de nuestra antigua Cundinamarca, pero sobre ser mui diminutas y superficiales están por lo general llenas de exageraciones, que las hacen poco veraces e inútiles para el naturalista que quiera aplicarse al conocimiento de la zoología de estos territorios”.

Lozano y los saberes locales

En los siglos XVIII y XIX, la zoología dispuso de una serie de métodos de clasificación, donde el naturalista sueco Carlos Linneo, nacido en 1707, fue el referente principal para ordenar el trabajo zoológico. Antes de que Linneo estableciera su sistema de clasificación, las prácticas variaban para nombrar al mundo vegetal y animal. Su sistema clasificó a los seres vivos según sus semejanzas en géneros, a los géneros en órdenes, a los órdenes en clases y a las clases en reinos. La tradición de clasificación linneana se convirtió en un estándar taxonómico reconocido por numerosas comunidades científicas. Siempre que Lozano describía una especie, acudía a la nomenclatura linneana para encontrar ahí su referente. Sin embargo, su pretensión inicial de seguir a Linneo fue cambiando paulatinamente:

“Al emprender me propuse por modelo al inmortal Linneo en su Fauna Sueca, y a su imitación quise coordinar todos los objetos según el método, que hubiese de adoptar, […]; pero a muy pocos pasos me vi precisado a mudar de dictamen, tanto porque conocí lo temerario de mi empeño en querer seguir el más sublime modelo, como porque consideré que la coordinación metódica me ataba las manos e impedía ir poco a poco publicando los objetos que se presentarán a mi observación, […]”.

El modelo linneano fue útil para Lozano, pero cuando se enfrentó por primera vez al estudio de la naturaleza, le resultó algo estéril traducir sus observaciones a este modelo. No obstante, Lozano se esforzó para que sus observaciones fueran metódicas y conservaran un orden, y así lograr incorporarse dentro del orden eurocéntrico de conocimientos universales.

El tema de la clasificación de animales de Cundinamarca que están por fuera de la clasificación linneana, fue abordado por Lozano nombrando a los animales según la forma cómo eran llamados comúnmente en la Nueva Granada. Lozano utilizó una doble nomenclatura, por un lado el nombre que comúnmente se le daba al animal y entre paréntesis la denominación en latín ofrecida por Linneo. Por ejemplo: el hombre (Homo Linn), la cotorra pechiblanca (Psittacus melanocephalus L.), una falena de Santa Fé (Phalena Cgiana n), el runcho o fara (Didelphys Philander L.). Lozano no encontró en los autores de los que extrajo la información sobre insectos (entomología) ninguna especie a la cual asimilar la falena. Lo mismo ocurrió para el caso del “caracol de la costa de la mar sur”, por el cual Lozano se preguntó: “¿será este el Munich cinchoreo de Linneo?”. Dentro de la clasificación linneana no aparecía el animal que el autor pretendía describir. Se trataba, entonces, de una especie nueva, “descubierta” por Lozano. Los criterios de clasificación linneanos fueron resultando insuficientes por lo que el naturalista acudió a los saberes locales para nombrar a la falena en latín, “le hemos dado en nombre trivial de Chiana deducido de Chia, población inmediata a Santa Fe donde con más frecuencia se halla”. Aun cuando la falena no se encontraba en el sistema de clasificación linneano, Lozano buscó que se distinguiera científicamente con su nombre en latín, Phalena Cgiana.

 

María José Afanador Llach

Politóloga e historiadora de la Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia.

Acerca de este artículo: Esta publicación de María José Afanador, titulada “ Jorge Tadeo Lozano: Ciencia Ilustrada y los inicios del proceso de Independencia ”, es un extracto de un ensayo académico de mayor extensión titulado “La obra de Jorge Tadeo Lozano: apuntes sobre la Ciencia Ilustrada y los inicios del proceso de Independencia”, publicado anteriormente en Historia Crítica.

1 Comentarios


ROBERTI VARGAS 07-07-2021 07:43 AM

Muchas gracias por el artículo. Sólo conocía de Tadeo Lozano su participación en el inicio del proceso de independencia.

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