Pensamiento
Morin, el inmortal

Edgar Morin es un filosofo y sociólogo contemporáneo que ha proporcionado al mundo teorías sugerentes y motivadoras. El 8 de julio cumplía 100 años de vida.
“No seas una de esas de aquellas personas que tienen una carrera, sé de aquellas personas que tienen una vida"
Nació en parís en el año de 1921 y, hoy, un siglo después, se conserva saludable y lúcido, con una mente maravillosa, parecida a la de un muchachón inquieto y productivo.
Su biografía es fascinante: es un superviviente desde el mismo día en que nació. Cuentan que hubo que reanimarlo durante 30 horas en el mismo momento del parto.
A Morin lo que le hacía vibrar era el cine, la música y la lectura y su afán de conocimiento, por eso se incorporó a la Sorbona donde cursó la titulación en geografía e historia y, posteriormente, la de derecho. Antes de terminar tuvo que interrumpir sus exámenes e incorporarse al ejercito por la invasión de los alemanes.
Sus contribuciones mas importantes las ha hecho en el campo de la filosofía y la educación. Dentro de sus libros mas destacados sobresale “El hombre y la muerte” donde estructuraría su visión transdisciplinar, que abarcaría desde la prehistoria, etnografía, psicología infantil, ecología, mitología, historia de las ideas y la filosofía entre muchos otros campos del saber.
Morin ve el mundo como un “conjunto no sociable”, donde el espíritu individual de cada uno tiene saberes disonantes y desorganizados que precisan un eje vertebrador con acciones retroalimentadas entres si, que se consiguen de manera multidisciplinar y transversal.
Para lograr fabricar el pensamiento se debe hacer sobre la base de fundamentos acentuados de certidumbre, estos elementos se asientan en la complejidad que se distingue por poseer variados elementos que conforman un todo enrevesado, complejo y difícil de comprender. Por lo cual se extiende el término ciencias de la complejidad, para referirse a todas las disciplinas que hacen uso del enfoque de sistemas.
Lo que detecta el pensador francés es que el problema del conocimiento no es un problema de percepción de la realidad, de percepción lógica o de incoherencia, si no más bien del modo de organizar el conocimiento, el saber, las teorías y las ideas. En ese sentido, el conocimiento, las ideas y, por ende, la comunicación a través del lenguaje, no están libres de fallos.
Los siete saberes del conocimiento en colaboración con la UNESCO
En este ensayo, Morin recalca que, para la mejor educación posible, es necesario conocer las características cerebrales, mentales y culturales del conocimiento humano, de sus procesos y modalidades, de las disposiciones tanto psíquicas como culturales que permiten arriesgar el error o la ilusión, para así adecuarlo a la mejor enseñanza y comprensión de la condición humana.
A pesar de que las ciencias nos han llevado a adquirir muchas certezas también nos han revelado muchas incertidumbres. La idea del poeta griego Eurípides de hace 25 siglos es ahora más actual que nunca. «Lo esperado no se cumple y para lo inesperado un dios abre la puerta». Esto es, “el carácter en adelante desconocido de la aventura humana, deben incitarnos a preparar nuestras mentes para esperar lo inesperado y poder afrontarlo”. Es imperativo que todos aquellos que tienen la carga de la educación estén a la vanguardia frente a la incertidumbre de nuestros tiempos.
Morin intenta explicar que el siglo XX trajo consigo muchos desarrollos y progresos en el campo de la técnica, pero a su vez una infinita ceguera, con una comprensión burda para asumir los problemas globales y más complejos de la humanidad. Para el siglo XXI, la ética y la enseñanza de la democracia son los retos ante un mundo complejo y lleno de conflictos y zozobras.
Antonio Segovia


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