Viernes, 18 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

Trabajar por la culturaTodo el mundo habla de cultura: los políticos en campaña, los sacerdotes en las eucaristías, los escritores de cafés, los periodistas de diarios amarillistas y los docentes en las aulas de clases.

Muchos atinan a decir que el problema central de las sociedades contemporáneas es la falta de cultura. Pero en realidad ¿De qué hablamos cuando hablamos de Cultura? Hay, sin duda, que partir de una clara definición y comprenderla, para descubrir el meollo del asunto.

La tercera acepción del concepto de cultura en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua nos dice que la cultura es el “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc”. Que un peatón se pase la luz del semáforo en rojo; que un estudiante universitario no distinga entre valla y vaya; que una persona no sepa sentarse a la mesa; que alguien no reconozca el valor de las comunidades indígenas, son vistas como una clara infracción contra la Cultura. Y puede ser cierto, si se revisa, nuevamente, que dentro de la definición que nos otorga el DRAE cabe cada una de esas variantes semánticas.

Pero la Cultura, como sabemos, va mucho más allá de las meras acciones ciudadanas diarias que nos dicta la convencionalidad. Y reconocerlo es el primer paso para trabajar sobre ella. Cultura es el patrimonio inmaterial y arquitectónico de la ciudad. Cultura es la tambora de Talameque. Es, también, la música Vallenata y todo lo que gira en torno de ella. Cultura es la literatura de la ciudad. Es la fotografía, el cine, el teatro, la danza expresiones tan escasas a veces. Cultura son las bibliotecas, los escenarios donde se pueden congregar niños y jóvenes a disfrutar del arte y la poesía.

Y ampliado el espectro del concepto cabría hacerse unas preguntas: ¿Qué hace cada uno de nosotros para que nuestros actos estén acordes con los patrones mínimos de cultura? Y más aún, ¿Qué están haciendo los mandatarios y cada una de las administraciones para definir políticas que incentiven la cultura ciudadana, la cultura artística, y, por decirlo de alguna manera, la cultura cultural? ¿Qué espacios de interacción cultural concretos se están abriendo para que cada vez más personas puedan hacer uso de escenarios agradables donde se pueda disfrutar de las artes y la recreación?

Existen problemas centrales que impiden el desarrollo de políticas claras en torno a la promoción de la cultura. Primero, la falta de voluntad política; por ejemplo, desde lo destinado en el presupuesto nacional para este sector se percibe un abandono parcial, y a veces se destinan los recursos y no se ejecutan completamente. (¿En qué invirtieron los recursos recolectados producto de las estampillas procultura del año 2011 en el Departamento?).

El hecho de que en el Cesar no haya una Secretaría de Cultura sino solo una Coordinación es un problema que va más allá de algo nominativo. Por cierto, no se ha definido quién será el coordinador departamental de cultura. ¿Quién, entonces, ha estado trabajando en pro de la Cultura y las Artes en el Departamento durante los dos primeros meses del año? ¿Por qué ya todas las secretarías tienen su equipo de trabajo desde un principio? ¿A caso la cultura y las artes no merecen un tratamiento igual? He ahí el problema. Si temas como las artes, la danza, la literatura, el teatro, la tambora, etc, están “abandonados”, ¿qué quedará para otras más invisibilidades todavía  como el tema del patrimonio inmaterial de la ciudad?

Trabajar por la cultura significa atender al unísono temas materiales e inmateriales a la vez. La cultura no es solo acordeón y carnavales. La cultura es reconocer lo que tenemos, protegerlo, divulgarlo y conservarlo; de lo contrario, llamémosle de otro modo. Por eso el llamado desde este espacio es para empezar a definir políticas concretas, realizables, transversales, transparentes y concertadas, que ayuden a fortalece la cultura en esta ciudad que está tan huérfana en ese tema. Desde los medios de comunicación, las Instituciones Educativas, las Universidades, los sectores organizados, se puede iniciar un trabajo incluyente que propenda por el bien común de la ciudad. Hay un sector del gobierno municipal que parece interesado en los temas de la cultura, se puede empezar por ahí.

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