Cine
Punto de quiebre: ¿un remake necesario?

Hace tiempo que no llegaba a esta columna con una crítica dura y contundente. Quizás porque la Navidad había mermado mi intransigencia en cuestiones de calidad. Quizás porque uno baja la guardia a fin de año.
El asunto que nos reúne esta vez es el remake de “Punto de quiebre” (o Break point en inglés). Evidentemente, cuando se está ante un remake de una película, es inevitable compararla con la original, no con la intención de ser un alegato pero sí para identificar aquellos puntos en los que se innovó.
También se ha de preguntar uno cuál es la finalidad del remake. ¿Aportar una versión risible? ¿Elevar el dramatismo o la tragedia? ¿Brindar más tensión o suspense? ¿Reactualizar la película con datos históricos o nuevos conceptos?
El problema –o el reto- es cuando llegamos al remake de una película que supuso una inflexión dentro de su género cinematográfico. Hacer el remake de un clásico, donde cada uno de los actores brillan por su propia luz, es algo realmente desafiante.
En el caso de Punto de quiebre, la original, (1991), la película destacaba por tener una repercusión ascendente en la carrera de Reeves, y, sobre todo, por popularizar un género también llamado el “bromance” en el cine (palabra que se refiere a películas que destacan el valor de la hermandad –brother- y complicidad).
En Punto de Quiebre (2015), la historia se amplía un poco y va más allá del surf. El guionista Kurz Wimmer abrió el horizonte de los deportes extremos para incorporar al nuevo agente del FBI, quien se infiltra en un malicioso grupo de atletas quienes se sospecha son los responsables de una ola de crímenes que vienen llevándose a cabo de manera inusual.
Con una premisa algo parecida a la original, Punto de Quiebre 2015 se muestra buena y vigorizante, además que se hacen pequeños homenajes al original al recordar las máscaras que usaba el grupo de delincuentes.
Si hasta cierto punto resulta efectivo echar mano de una diversidad de deportes extremos para llenar la película de bellas panorámicas, no solamente para diversificar los escenarios, sino para explotar muy bien la adrenalina y el riesgo, lo que falla en Punto de Quiebre es la relación amistosa que podía existir en la original.
El remake de Punto de Quiebre sobresale por la poca química entre Luke bracey y Edgar Ramírez, pero además se pierden detalles importantes sobre las emociones de cada uno de los protagonistas, y los dilemas éticos que supone traicionar el amigo o el grupo. De repente, todos los personajes se han vuelto planos e insípidos, en un entorno renovado pero que no atrapa.
Al final, Punto de quiebre 2015 termina siendo una película sin sabor. Rápida, deslumbrante estéticamente, pero superficial y vacía. Es tal vez el mejor ejemplo de lo que no debe hacerse en un remake: quedarse con los atributos exteriores y darle poco picante. Un remake debe duplicar emociones y no borrarlas.
Alberto Campos






