Jueves, 14 de dic de 2017
Valledupar, Colombia.

Diomedes Díaz Hace un año falleció en una clínica de Valledupar un ser humano llamado Diomedes Díaz; pero hacía mucho tiempo, desde que se grabó su primer CD en 1976 (Herencia Vallenata) que había nacido la Leyenda, la cual selló su inmortalidad a lo largo de una carrera artística de éxitos.

Diomedes Díaz, al igual que muchos artistas, talló a base de romanticismo el derecho a perdurar en el tiempo y en la memoria colectiva de los bohemios, amantes de buena música.

Hoy que el ser humano abandonó esta vida terrenal y no puede darse el lujo de volver a grabar, me siento en silencio a recordar aquellas melodías de vieja data, por lo que la nostalgia invade mi ser al recordar tantas fechas especiales amenizadas por su voz de turpial.

¿Quién no alegró sus diciembres “Mensaje de navidad” o “Las cuatro fiestas”? ¿A quién no le entonaron “Tu cumpleaños”, el día de su natalicio? ¿Quién no tiene un retoño femenino al que dedicamos la canción “Hija”, o al varón “Mi muchacho”? ¿Cuántas disputas conyugales y de novios no finalizaron al son de “Volvamos, ilusiones o vuelve”? ¿A quién el amigo no le dedico “Déjala” o “El cabeza de hacha” después de un desamor? ¿Cuántas veces pensamos en silencio que esas bellas letras narraban la historia de nuestra vida? ¿A qué mujer no cortejaron en el oído, con “La reina”,  “Tu serenata” o “La juntera”’

Varias veces lo vimos cambiar de acordeoneros, pero siempre mantuvo su grandeza en los estudios de grabación. Particularmente, soy de la segunda época de Juancho Rois. Para mí, “Ganó El Folklor” marcó la diferencia y fue el estadio artístico de más alto nivel del Cacique. ¿Será porque en esa etapa arrancó mi pasión por la música vallenata o porque empezaba mi adolescencia, donde iniciaba almacenar quereres y sentimientos en mi alma, es por ello que álbumes como: El cóndor herido, Mi vida musical, Titulo de amor entre otros aun sensibilizan mi alma de bebedor en retiro.

Para muchos diomedistas de más edad, su mejor escena fue con Colacho Mendoza, el rey vallenato que le dio mística y altura al canto del Cacique, en esta unión se sellaron éxitos como “El gavilán mayor, El soldado, Camino largo, Mensaje de navidad, Tu serenata”, entre otras. Pero para la inmensa mayoría, Diomedes no tuvo obra mala y admiran toda su obra musical, desde Naferito hasta Alvarito quien tuvo la fortuna de grabar su último CD.

Diomedes la leyenda, sigue vivo en las discotecas y bares de Valledupar, el Cesar y Colombia donde todavía se escucha, baila y canta su música, hasta el punto que sus canciones grabadas hace más de 30 años compiten con las de artistas modernos de la talla de Silvestre Dangond, Peter Manjarres o el mismo Martin Elías.

De Diomedes se pueden decir muchas cosas, entre las cuales se le puede reconocer su gran amor por el merengue, genero Vallenato de su preferencia, así mismo al Cacique se le debe la cultura de gentilizar al grupo de ciudadanos que siguen la música de un artista, para la época nacieron los Diomedistas, como grupo de personas amantes del mejor vallenato, una fanaticada exigente que esperaba de él cada vez más, Diomedes dio inicio a las caravanas, lanzamientos, recibimientos multitudinarios, como también por primera vez impuso la comercialización de la música en caseta, con el famoso Toño Cassette.

Diomedes Díaz vendió aproximadamente 18 millones de discos a nivel mundial, siendo el artista colombiano de más discos vendido por encima de CARLOS VIVES e incluso que SHAKIRA, Hoy un año después de su muerte, los amantes de la música vallenata extrañan el romanticismo envuelto en sus canciones, la sencillez de su verso, y el aroma a finca de su canto. El cantante no solo debe saltar y brindar lindos espectáculos, sino transmitir en sus canciones, mensajes que lleguen al alma, mensajes capaces de trascender en el tiempo y radicarse para siempre en los oídos costumbristas como melodías eternas, que por siempre serán escuchadas.

Por todo ello, sin miedo a equivocarme, puedo manifestar que Diomedes no ha muerto, que el Cacique, como cariñosamente lo llamábamos, y Rafael Orozco, siempre estarán vigentes en los corazones de los colombianos y de los amantes del buen vallenato.

 

Wladimir Pino Sanjur

 

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