Artes plásticas

El grupo V4, una etapa notable del arte vallenato

Johari Gautier Carmona

23/10/2019 - 05:00

 

El grupo V4, una etapa notable del arte vallenato
El grupo de artistas V4 marcó un periodo del Arte en Valledupar / foto: archivo Celso Castro

 

De todas las evoluciones que ha conocido el arte en Valledupar y el Cesar, el grupo de artistas V4 representa una de las etapas más significativas por su finalidad estética y productiva, pero también por su corta duración y su impacto regional.

Su nombre enigmático se refiere a los 4 vallenatos que lo compusieron: Álvaro Martínez, Celso Castro, Efraín Quintero y William Socarrás, artistas que, de un modo u otro, han marcado la historia pictórica de la región vallenata.

El grupo se constituyó en el año 1974 en un contexto de verdadero auge cultural. Pocos años antes, en 1968, se había creado la Casa de la Cultura de Valledupar –al mismo tiempo que el departamento del Cesar– y con el establecimiento de un nuevo diálogo cultural también llegaron a estas tierras artistas de reconocida trayectoria como el uruguayo Pablo Obelar o el argentino Francisco Ruiz.

“El gran movimiento artístico del Cesar se crea en el año 1968 con la formación del departamento y la aparición de Alfonso Michelsen López en el escenario de la política departamental”, explica Efraín Quintero antes de recordarnos que este destacado personaje fue el artífice del Festival Vallenato y del posicionamiento de la cultura vallenata a nivel nacional.

El Festival fue, sin lugar a dudas, una vitrina del gran esfuerzo cultural emprendido a finales de los años 60 e inicios de los 70 en el Cesar. Permitió la unión de dos expresiones hoy indisociables: la religión (con la Leyenda vallenata) y la pagana (con el acordeón).

Según Efraín Quintero, esto fue un aliciente innegable para artistas y gestores culturales que veían como la capital del Cesar atraía a visitantes de Bogotá interesados por lo que se estaba gestando. “Somos unos costeños continentales –explica nuestro entrevistado–. Salir del ostracismo en el que nos mantenía el Magdalena nos dio automáticamente la posibilidad de exponernos y crecer como artistas”.

Así pues, en plena ebullición cultural, los cuatro protagonistas del V4 empezaron a experimentar con el betún. Fue algo espontáneo que nació con la necesidad de masificar el arte, difundirlo con más facilidad y llegar siempre más lejos.

“Queríamos que el arte se produjera a gran escala –argumenta Efraín Quintero–. Era algo novedoso en el Cesar y en todo Colombia”.

Del año 70 al año 74, los integrantes del grupo V4 trabajaban de manera individual pero cercana. Cada uno exponía su arte pero mantenía una mirada crítica y complementaria sobre lo que hacían los demás.

“El boom de la literatura latinoamericana también consolidó nuestro arte”, explica Efraín Quintero. Gracias a la resonancia del realismo mágico y de Macondo, los artistas locales empezaron a observar su alrededor con una nueva mirada, a resaltar las costumbres criollas y, con ese aliento inspirador, el grupo V4 se consolida en 1974. Durante ese año se proyecta participar a una exposición del Museo nacional de Bogotá con una obra realizada a 8 manos.

Las intenciones eran claras: demostrar que los experimentos del betún habían contribuido a la formación de una identidad artística única en el país. Sin embargo, el desenlace fue otro totalmente imprevisto.

Celso Castro al lado de una obra del V4“Llevamos la obra al Museo Nacional y nos encontramos con una gran sorpresa –manifiesta Efraín Quintero–: En ese salón descubrimos una obra casi idéntica y, por lo tanto, el grupo V4 no fue acogido de la manera esperada. Terminamos relegados al salón de los rechazados”.

Las tensiones se hicieron palpables. Los artistas trataron de entender cómo era posible que otros artistas totalmente desconocidos emplearan un proceso parecido para la misma exposición. “Álvaro Martínez se enojó y dijo que alguien nos había copiado –explica Efraín Quintero–, pero yo sostuve que esa técnica del betún era, al fin y al cabo, demasiado fácil de copiar. En esa exposición no logramos transmitir una identidad propia porque nos habían plagiado de entrada”.

La frustración se adueñó en ese momento del grupo V4, hasta ponerlo en riesgo. William Socarrás estuvo a punto de dejarlo pero, tras algunas conversaciones, los integrantes decidieron redoblar de esfuerzo para reivindicar la propiedad de la técnica del betún.

“La vergüenza fue grande –expresa Efraín Quintero–, pero a raíz de eso, el grupo empezó a trabajar más. Sacamos muchos cuadros con el fin de venderlos en Bogotá y también aprovechamos para darle identidad a nuestras obras”.

Los cuadros firmados por el grupo V4 empezaron a notarse en la capital. Además, el ruido de un grupo de pintores vallenatos que marcaba tendencia en el país llegaba a Valledupar. En medio de este esplendor productivista, los artistas acuerdan presentar sus obras por separado en distintas exposiciones que permiten nutrir la identidad y el concepto de cada artista, pero también enfriar paulatinamente el impulso realizado con el V4.

Más adelante, en el año 1975, el V4 se reúne para exponer sus obras en Cartagena. La crítica mira con buen ojo las obras que han ganado en carácter. “Hicimos cosas mucho más interesantes que para la exposición del Museo Nacional de Bogotá”, sostiene Efraín Quintero y, sin embargo, eso no permite reavivar el fuego. El grupo termina disgregándose en las semanas y meses siguientes debido a las aspiraciones y la necesidad de expresión de cada artista.

Preguntado sobre el impacto que tuvo el V4 en el mundo artístico colombiano, Efraín Quintero rescata, por encima de todo, las técnicas novedosas e ingeniosas de fabricación. “Antes de ser un fenómeno artístico, fuimos un fenómeno productivo”, explica el artista. No obstante, también recalca el prestigio alcanzado a nivel nacional: “Volteamos las miradas de medio país. El mundo nunca había visto un grupo pictórico como el nuestro”.

 

Johari Gautier Carmona

Para PanoramaCultural.com.co

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