Turismo

El pueblo de Badillo y su tesoro oculto

Redacción

19/04/2013 - 11:15

 

Iglesia de Badillo (Cesar)A escasos kilómetros de Valledupar, siguiendo la carretera que dirige a Patillal, el pueblo de Badillo encubre un legado histórico importante que fue marginado en los últimos años debido a la violencia.

Badillo se caracteriza por su fuerte vínculo con el cultivo del arroz. La mayor parte de sus 1300 habitantes se dedican a ello durante todo el año en unas tierras que bordean el río del mismo nombre.

Compuesto de más de 200 casas y 48 fincas, el pueblo depende administrativamente de Valledupar –y asume el título de corregimiento– aunque su lejanía y aislamiento histórico hacen de él un lugar plenamente distinto.

Tras la llegada por la angosta carretera, el ambiente caluroso del pueblo se impone. Destaca de entrada la tranquilidad y la parsimonia de su gente quien, frente a sus casas abiertas, se dedica a menudo a conversar o jugar al dominó, a los bolos o las cartas.

El gran atractivo del pueblo es su iglesia que, anclada al extremo de una plaza que reúne una tarima y un cancha de futbol, se expone como una joya incontestada. Este monumento construido en el año 1710 (y declarado patrimonio nacional) brilla por su estado de conservación y su parecido con otro monumento de la región (la iglesia de Valencia de Jesús).

Compuesta de una gran nave central, su interior sobrecoge por su sobriedad y su suelo brillante. Dos columnas de bancos de madera maciza  –señalados con los apellidos de las familias que mandaron a construirlos– miran en dirección de un púlpito oscuro, ya en desuso, que los primeros pobladores utilizaban durante las misas para predicar.

Al fondo, un altar de modesta altura y un retablo parco dan a esta iglesia un carácter minimalista pero de rasgos auténticos donde la palabra de Dios se impone sobre los ornamentos.

La vida de la iglesia se ilustra por un gran fervor comunitario. Los mismos vecinos se encargan de llevar a bien ciertos encuentros o procesiones de carácter excepcional. El mejor ejemplo puede contemplarse durante las fiestas de Semana Santa que movilizan a una gran parte del pueblo.

A otro extremo de la plaza, justo enfrente de la iglesia, una casa llama la atención del visitante. Si bien puede parecer anodina, muchas voces consideran que aquí fue donde nació Prudencio Padilla, uno de los próceres de la independencia de Colombia.

La historiadora y antropóloga vallenata, Ruth Ariza, explica que esta leyenda parte de un rumor que terminó propagándose rápidamente por las inmediaciones de la ciudad de Valledupar. Pocos días después de la muerte de José Prudencio Padilla (en el año 1828), una mujer vestida de negro apareció llorando en las calles del pueblo. Ella clamaba que era de Badillo y que acababan de asesinar a su hijo, Padilla.

La mujer se mantuvo un tiempo ante las puertas de la iglesia de Badillo, recibiendo el consuelo de los pueblerinos, y desapareció sin dejar rastro. Este hecho choca directamente con la biografía oficial del héroe nacional colombiano que ubica su nacimiento en Riohacha (ciudad donde se encuentran hoy sus restos mortales).

Más allá de estas referencias arquitectónicas e históricas, el pueblo de Badillo también fue inmortalizado en la letra del célebre compositor Rafael Escalona. Su canción “La custodia de Badillo” es un símbolo de este pueblo discreto misterioso que pide a gritos su reconocimiento turístico y cultural.

1 Comentarios


enrry ochoa 27-08-2017 06:56 AM

quisiera hir de nuebo a badillo a bisial a rosio mendosa no se si vivira todavia en badillo

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